José Antonio Pardellas inició su carrera en la radio en 1959. Tenía alrededor de 20 años y decidió inscribirse, de pura casualidad, en unos cursos de locución impartidos por Radio Juventud de Canarias que le llamaron la atención. Desde aquel tiempo no ha sido capaz de separarse del micrófono y, en la actualidad, con 83 años aún dirige una tertulia en Onda CIT. A lo largo de su dilatada trayectoria profesional ha recibido multitud de galardones como el premio Ondas, el premio Canarias de Comunicación o el premio Taburiente. Además, ha trabajado de director regional en RNE en Canarias y fue el primer locutor-presentador de televisión en el archipiélago.

En esta entrevista me habla de las cualidades que debe poseer un buen periodista, de los añorados espectáculos teatrales que se emitían en la radio de antes, de los libros que ha publicado, de su amor por las palabras, de sus ideales y de la poesía.

¿Cómo se aprende a ser un buen periodista? «Leyendo mucho a los grandes periodistas y practicando…, hay que escribir. Para ser un buen profesional se debe contar con una sólida base cultural. Es cierto que un periodista, pasado un tiempo, se especializa. Pero debe estar listo para redactar sobre cualquier cosa y entrevistar a cualquier personalidad. Y, sobre todo, resulta importante la documentación. A mi parecer, si vas a realizarle una entrevista a un químico, un literato o lo que sea, debes documentarte previamente, ¡qué menos! Y desgraciadamente observo que se asoma mucha gente al micrófono, sobre todo en las tertulias, que no está a altura de lo que se debe dar a un oyente.

Estar preparado, utilizar un lenguaje comprensible, que llegue a todos, así se forja la voz…, en el caso de la radio… ¿Estás de acuerdo?»

Sí. Creo que es fundamental tener algo de bagaje cultural. «Lo es. Yo soy licenciado en Geografía e Historia. Por lo tanto, poseo una buena base cultural. Me apoyo en los conocimientos que me ha proporcionado la carrera. Y, a parte, he leído muchísimo. Un buen periodista tiene que haber leído prácticamente todo. Y prepararse concienzudamente cuando va a realizar una entrevista a alguien. Sin lugar a duda, empollar inmensamente».

¿De pequeño fantaseaba con dedicarse a la radio? «Tenía alrededor de 24 años cuando empecé, justo en el año 59. Fue de casualidad. Yo estaba estudiando Náutica, ya que mi madre, por razones familiares, quería que yo fuera marino. Pero, en ese tiempo, escuché un anuncio de la recién creada Radio Juventud de Canarias: ¡Tu porvenir en la radio, inscríbete en los cursos de locutor, técnico, realizador en Radio Juventud de Canarias!… Me llamó la atención y, sin que lo supieran mis padres, me apunté.

Allí te enseñaban a leer de todo y realizabas prácticas en directo. Recuerdo que una vez alguien le dijo a mi madre: ¿Ese Pardellas  que sale por la radio es familia de ustedes?… Y mi madre respondió: No, ¿qué Pardellas es ese? Y el otro añadió: Pues no lo sé, pero sale en Radio Juventud a tal hora… Y así se enteraron mis padres».   

«La verdad que la radio me ha dado de todo, no me quejo de nada»

¿Y por qué no se lo dijo a sus padres? «Porque estaba estudiando Náutica, que era lo que ellos querían. Pero terminaron por aceptar mis trabajos en la radio gracias a los halagos. Les persuadió el ¡ay, pues me gusta su hijo! Y me dejaron seguir hasta hoy. Allí empecé».

¿Y gracias a la radio conoció a su mujer, no? «Sí, en una oficina de Radio Juventud de Canarias… La verdad que la radio me ha dado de todo, no me quejo de nada. Todo lo contrario. Me ha obligado a cultivarme, porque sin lugar a dudas para estar delante del micrófono o para escribir hay que estar suficientemente preparado y eso te obliga a estudiar y a estar formado».

¿Y aún sigue trabajando? «Bueno, yo tengo 83 años. Soy un anciano, como quien dice. Y sí, dirijo una tertulia en Onda CIT y algunas veces colaboro en el programa televisivo Buenos días Canarias… Cuando me llaman procuro colaborar con mis compañeros y amigos. Y hasta hace unos años tenía una tertulia con Carmelo Rivero, Leopoldo Fernández….  De una manera u otra siempre he estado pegado al olor del micrófono».  

¿En estos años también le ha dado por escribir algún libro, no? No solo ha estado pegado al olor del micrófono. «Sí, me ha dado por escribir algún que otro libro sobre la radio. De la radio en Canarias se ha escrito poco. Yo creo que mi volumen es el único que hay sobre personajes de este medio. En Hermana Radio están prácticamente todos los que han sido y son. Y este, afortunadamente, es un ejemplar que está muy bien dotado de comentarios de personalidades que han pasado por las ondas, como Juan Manuel García Ramos, Diego García Soto, Fernando Delgado… Y a parte recopila un montón de ilustraciones y fotografías de la época, desde los inicios de la radio. No solo del archipiélago, sino del resto de España. Yo creo que es interesante para aquellos que tengan curiosidad en saber algo más de este medio».

«Desgraciadamente el teatro radiofónico ha desaparecido. Bueno, la televisión ha arrasado con todo ese tipo de cosas»

¿Y cree que la radio ha cambiado mucho? «La radio cambia con los tiempos, se le exige lo que está pasando. Ahora no se ven unidades móviles por las calles».

Yo nunca he visto ninguna. «Por ejemplo, antes veías aquellas amarillas de Radio Club, las furgonetas de Radio Nacional de España…, eso ya ha desaparecido. Ahora con el teléfono móvil, desde cualquier rincón, cualquier oyente (no solo el profesional de la radio) puede llamar para informar. En ese sentido ha cambiado muchísimo. Antes habían servicios exteriores, que yo creo que prácticamente han desaparecido de las emisoras».

Por cierto,  me llamó la atención toparme con una foto muy divertida en la que salía usted disfrazado de un personaje de El Avaro de Moliére. «Efectivamente. Antes en la radio existían el teatro radiofónico, los seriales. Simplemente María, Ana Rosa…, y otros títulos emblemáticos. La gente se reunía en aquellas casas donde habían uno o dos que solo tenían radio para oír los seriales, que ya han desaparecido. Recuerdo escenarios radiofónicos en Radio Juventud de Canarias o Radio Club donde una vez a la semana acudían los grandes nombres del teatro a interpretar obras nacionales e internacionales. No solo seriales, sino obras completas».

Es curioso. Incluso Televisión Española abogó por el teatro con Estudio 1. No solo la radio. Otros medios también apostaron antaño por este arte. «En Radio Juventud se llamó Escenario radiofónico. Y en otras emisoras se llamó Teatro en las ondas. Un nombre bonito: Teatro en las ondas… En mi libro hablo de todo esto. Cito nombres como Vicente Parra, un conocido actor. Desgraciadamente el teatro radiofónico ha desaparecido. Bueno, la televisión ha arrasado con todo ese tipo de cosas.

Hubo quien dijo que con la llegada de la televisión (afortunadamente, no acertó) desaparecería la radio. Y la radio está fuerte. A ella le salvó el inventó del transistor, gracias a los japoneses que trasladan la radio a cualquier lado. Antes eran armatostes y el invento del transistor, como digo, permite que un agricultor esté labrando y con una radio en el bolsillo y no te digo nada de los que viven del transporte: camioneros, taxistas… ¿Qué vehículo no tiene incorporado un aparato de radio?»

Hasta los móviles. Ya puedes escuchar los programas que desees a la carta. «Claro, los podcasts. Si tú por la mañana estás trabajando y tienes interés en oír un programa o un tema que se está desarrollando y por estar en tu oficina no puedes oírlo…, pues lo puedes disfrutar después a través de internet. Las emisoras lo trasladan. Hay oyentes directos e indirectos».

«La palabra, invento bendito»

¿En ningún momento pensó en dedicarse al teatro? «No, solo teatro aficionado. Lo hacíamos porque hacíamos teatro radiofónico. Y los oyentes tenían ganas de conocer las voces. Y a veces se llevaban una gran desilusión, ¿no? Una voz tan preciosa y un tío tan feo. O lo imaginaban alto y era bajito. Eso y los espectáculos de cara al público, que también han desaparecido. Antes la radio se hacía en teatros o en espacios. Me acuerdo lo que se llamaba la Ciudad Juvenil Radio Juventud de Canarias con la incorporación y participación de artistas locales. Se usaban muchos tríos al estilo Los Panchos, voces coristas, rapsodas, recitadores… Se realizaban festivales, patrocinados por empresas comerciales, y la gente asistía y era la radio en directo con el aplauso en directo incorporado».

No tenía ni idea. «En el Teatro Guimerá, en la Ciudad Juvenil, en la plaza de toros… Recuerdo un programa de radio mítico que se llamaba Lo mejor está en mi barrio. En el que cada barrio presentaba sus artistas y el público aplaudía y elegía. Eso era un título mítico. La radio en directo, de calle, ya no existe. Era una radio espectáculo, también hay que decirlo. Con la llegada de la televisión te lo sirven en directo en tu casa».

Para alguien que ha dedicado gran parte de su vida a utilizar las palabras, ¿qué es la palabra para usted?«El lenguaje…, quizá, a parte de la salud y el entendimiento, es la mayor facultad que tiene el ser humano para relacionarse en cualquier parte del mundo. La palabra, sí señor. El poder trasladar tus conocimientos o tus deseos, de todo tipo…, en la sociedad, en el amor, en el comercio, etc. La palabra, invento bendito.

La palabra es un don extraordinario en la comunicación entre las gentes y los pueblos. Escrita o hablada».

Exacto… A veces creo que los poetas buscan en la naturaleza un espejo de la condición humana. Y eso lo reflejan en las palabras, gracias a ellas. Al hablar del amor, hablan de las hojas del almendro, los restos de la lluvia… La palabra tiene…, me estoy haciendo un lío, perdone… Hablo demasiado. «A la mar fui por naranjas, cosa que la mar no tiene. Metí la mano en el agua, la esperanza me mantiene…Pedro García Cabrera, poeta gomero… ¡Qué imagen más hermosa en una sola estrofa!»

Es asombroso ver cómo la poesía te evoca las imágenes en seguida, al momento, te, tiene, es como, cómo explicarlo, es decir…«¿Qué es poesía?, preguntas clavando en mí tu mirada azul. Poesía eres tú… La poesía no solo es la del verso, puede existir en un fragmento no versificado».

En una novela, una conversación…«Temas poéticos, que se suele decir. No necesariamente versificados».

¿Y qué temas considera poéticos? «Todos los que remuevan el alma…, que hagan pensar y buscar ideales a través de la poesía. Gracias a la poesía encontrar ideales».

¿Y qué ideales se ha encontrado?«Muchos. El llegar a otros conocimientos, el querer lo que no conocía, el acercarme más a la humanidad, a las personas, las gentes. La poesía engrandece el alma y te abre la mente. La poesía te hace mejor persona…, entiendo yo».

Dejaría aquí la entrevista. «¿Te valió?»

Sí, sí, me valió. Está genial. Gracias. «¿No te queda alguna pregunta por hacer?, ¿alguna pregunta más práctica o lo que quieras?»

Creo que no…, esas preguntas ya te las han formulado varias veces. Y creo que no está bien repetir.

(Permanecimos en silencio mientras yo doblaba la penosa chuletilla de preguntas, anotaciones biográficas, tachones y monigotes a lo El roto. Observé de reojo sus ojos grandes y oscuros y parecía tararear, tímido, a solas, una cancioncilla. Sin darle voz, sin despegar los labios, escuchándola en secreto, como intentando recuperar toda la letra, el ritmo, el tono, los estribillos… Sus ojos marrones tenían algo de ese mirar risueño y nostálgico del niño que imagina días de playa, quizá el último verano en El Sur, en mitad de una soporífera clase de dos elevado al cubo y triángulos isósceles. O del mirar medio ensimismado del adolescente que no se quita de la cabeza los versos de la balada que declamó apasionado en la ducha antes de irse a dormir… De repente, Pardellas pronunció la palabra «Dios». No esperaba oír un concepto religioso. ¿Le daría el punto para pronunciar un discurso teológico, metafísico? No fue así. Hubiera sido surrealista. Lo que ocurrió fue un poema y una de las pocas lecciones que he recibido sobre la función del decir. Desgajar el silencio, como fruto, arrancándonos los versos del poema, caminándonos de la mano hacia esa cercana voz que llueve afuera. Trasladar esas voces hechas de oído, fe, espera. Jamás renunciar al eterno y apremiante consuelo de remedar el canto sin fin, siempre llegando, jamás pasa, del poeta).

Dios a los hijos de Europa. Dio ciudades y jardines. Y entre danzas y festines, los hizo esclavos allí. ¡Trabaja!, dijo al cristiano: pero al árabe indolente, sé tú libre, independiente, el desierto es para ti…

Los que nos dedicamos a la radio, a conversar, debemos saber estas cosas y tenerlas para en un momento dado trasladarlas a los demás.

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Autoficción de un estudiante de Periodismo: "Solo deseo andar a ras de tierra, desplazarme con la ligereza del aire y la monotonía del agua, encontrarme con la grandeza de alguna piedra. De resto, tan solo hay negación de mí mismo. Cáscaras de nuez vacías".


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