Ciencias políticas, Entrevista, Pensamiento

Samuel Toledano: «Si hay que esperar a una campaña electoral para que el ciudadano decida su voto, estamos en un problema»

El doctor de las Ciencias de la Información de la ULL. Foto: Nerea de Ara Alonso

Mañana es el día. Otra vez. Esto parece el cuento del nunca acabar o, en todo caso, el Día de la Marmota con regusto cetrino. La ciudadanía española vuelve a las urnas para las elecciones generales del 10N y Samuel Toledano, periodista y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna, analiza la eclosión de la extrema derecha que toma carrerilla para el salto final o las espinas que quedan en los votantes de la izquierda a los que se intenta movilizar. Otro elemento sería la función de los medios de comunicación en todo este circo que ha concluido como la campaña electoral más corta de las últimas cuatro convocatorias. Hay que darle voz a todos los discursos, insiste, pero no a cualquier precio. El periodismo es el acicate. Veremos qué ocurre.

Barcelona, Franco, ahora los MENA, ¿va a poder haber un día de reflexión entre tanto estallido mediático? «El día de reflexión no deja de ser un acto simbólico. Si el ciudadano tiene que pensar su voto el día antes de las elecciones, teniendo en cuenta la trayectoria que llevan los partidos políticos con respecto a sus programas, candidaturas y, casi, si me apuras, sabiendo que vivimos en una campaña electoral permanente… El ciudadano debería tener un día de reflexión todos los días del año a partir de la información de su alrededor. Si hay que esperar a una campaña electoral para que el ciudadano decida su voto, estamos en un problema. Ahora nos encontramos en una campaña electoral permanente. No solo Cataluña, la exhumación de Franco o las agresiones a los menores no acompañados (MENA) son acontecimientos que pueden influir. Estos hechos están muy cerca del día de las elecciones, y la población es, en ocasiones, muy volátil, y un impulso de este tipo antes de las elecciones condiciona». 

En un artículo de eldiario.es se comentaba el cuento del Pedro y el lobo, siendo el lobo la ultraderecha que movilizó a los votantes de izquierda para intentar frenar la subida de Vox y que se pudiera hacer un gobierno progresista. ¿Cree que volverá a repetirse tal movilización tanto de un sector como de otro? «Velar a los ciudadanos a determinados aspectos de miedo es habitual en las campañas electorales. Lamentablemente, muy habitual. Vox apela a que vienen los otros: los inmigrantes, cualquier sujeto colectivo que no se forme parte del estereotipo o del imaginario del que tiene el partido que ha de ser un buen ciudadano español, y eso moviliza a sus votantes. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta las consecuencias que puede tener para el conjunto de la ciudadanía, la izquierda apela a ese voto para frenar a la ultraderecha, a pesar del hastío que pudieran haber experimentado los votantes por la imposibilidad de llegar a un acuerdo el pasado verano. No creo que esto de alguna forma pueda tener tanta repercusión en la medida que los votos de la ultraderecha no dejan de ser votos que se mueven dentro del espectro de la derecha. Es decir, serán votos que de alguna forma vayan a quitar a Cs o, en parte, al PP». 

Mientras, en Canarias ahora se produce el pacto entre Nueva CanariasCoalición Canaria. ¿La quietud de años de gobierno de CC ha dado paso a un estallido?  «El pacto NC-CC es muy llamativo. En cierta medida, contranatura. NC se escindió por ese régimen constante de control, de acaparamiento de todo lo público, privado, con unos vínculos extremandamente cercanos y muy poco beneficiosos para un sistema democrático que tenía CC con el sistema empresarial. Lo que revela en ambos partidos esa alianza es un miedo a no tener representación en un pacto que no tiene sentido en Canarias, pero, que a nivel nacional puede tener una cierta lógica. Aún así, muchos votantes terminarán por no entenderlo. La aparición de Vox o su crecimiento no será por los candidatos locales, que son muy desconocidos, sino por el arrastre que tiene a nivel nacional. Es cierto que puede beneficiarse con la bajada de Ciudadanos al haber hecho un giro tan marcado a la derecha intentando hacer un sorpasso al PP en las anteriores elecciones. Lo malo es que entre la imitación y el original de la derecha, muchos votantes irán al original debido a que Vox no deja de ser un partido originalmente franquista y fascista». 

«No es imposible llegar a coalición, los ejemplos en Europa son extremadamente comunes»

Siendo el Parlamento más diverso en grupos políticos de la historia española, ¿es imposible encontrar coaliciones como en otros estados? «Es posible y necesario. El único problema es que en España ha habido una tradición bipartidista entre el PSOE y el PP donde se han repartido todo el poder, salvo en los territorios de nacionalismos históricos como el País Vasco o Cataluña. La pluralidad es un síntoma positivo de una diversidad ideológica. A lo mejor, esta no exista tanto en otros aspectos como en Más País con Podemos, donde son mínimas, o muchos votantes de un sector más progresista del PSOE tampoco tengan muchas diferencias con votantes de Podemos, o del sector más conservador del PSOE probablemente eran muy afines a las posturas iniciales de Cs, y dentro del PP tendríamos variedades. Esta pluralidad que tenemos en la ciudadanía se ve reflejada en una pluralidad de partidos que, a su vez, tienen distintas sensibilidades internas. Esas sensibilidades internas son las que deberían propiciar el acuerdo como, por ejemplo, hemos visto en algunas comunidades con la alianza entre Cs, PP y Vox. Por tanto, sí es posible. El hecho de que en el Congreso de los Diputados no se haya logrado y sí en cámaras autonómicas nos revela que existe un problema en las direcciones de estos partidos. No es imposible llegar a coalición, los ejemplos en Europa son extremadamente comunes, pero lo que tiene que haber una voluntad de las dos partes». 

Ortega y Gasset hablaba de la necesidad de una «nueva política» frente a una España enferma. ¿Se está llegando al mismo punto cíclico? «Si se necesita una “nueva” o un nuevo concepto o calificativo para intentar ilusionar a la ciudadanía es que existe un problema de raíz. La cuestión es que el sistema parlamentario y representativo está centrado en los representantes políticos, y eso es un error estructural. Evidentemente, este modelo es lo más optimo y factible posible para ejercer, pero no es el único. Existe la democracia directa y la participativa. Los representantes políticos, que son meros representantes, se han arrogado quizás esa especie de sujeto colectivo que es realmente el pueblo el que tiene la soberanía. Si la política es vista por los ciudadanos como una serie de actores, establishment u otros conceptos como la casta o el histórico político-funcionario que no hecho nada en su vida, es normal que exista una desafección por parte de la ciudadanía. Esta tiene que darse cuenta de que son sujetos políticos y sus acciones también. Es político estar en el trabajo realizando determinadas demandas. Lo importante es volver a recuperar el rol activo y mediante las redes sociales e Internet se abren nuevos canales de participación. Puede llegar a romper la llamada “vieja política” en la cual nos limitamos a votar cada cierto tiempo y ahí se queda nuestra participación».   

¿La palabra fascista se está desgastando? «Un viejo debate sobre la utilización de los términos en los medios de comunicación es si tienden a utilizar ciertos significantes sin explicar el significado. Lo que habría que optar es por explicar muy bien los significados y que el lector opte por el calificativo. Me explico, si en EE.UU. la palabra “socialista” tiene una connotación muy negativa vinculada a la Guerra Fría, a los gulag, Rusia, Stalin… Realmente, cuando llegan las propuestas de los llamados “socialistas” Bernie Sanders u Ocasio-Cortez no deja de ser propuestas muy similares a la socialdemocracia en Alemania, en los partidos escandinavos, el norte de Europa o en España con el PSOE. Es importante hacer una labor didáctica al lector. Es decir, si utilizamos el término “fascista” puede venir muy bien para determinar quién es el candidato, pero probablemente no estemos haciendo una labor didáctica porque se ha utilizado tanto que nos encontramos ejemplos como el del País Vasco donde ha habido debates en el que el PP ha llamado “fascista” a Bildu y viceversa. A lo mejor, llegaríamos más al ciudadano explicándole “si tú limitas los derechos de una sanidad, educación, si estas personas las expulsas y encierras, estos son comportamientos que limitan libertades de Derechos Humanos, de personas, que no han cometido ningún tipo de delito”. Lo importante es que la ciudadanía sepa que hay determinados partidos, candidatos, propuestas que limitan, coartan y censuran de alguna forma los derechos de gran otra parte. Si luego ponemos dos puntos y “fascismo” a continuación, pues se puede hacer».

«Los medios de comunicación han dejado de hacer su trabajo y no dejan de ser el altavoz o grabadora de los partidos políticos»

¿La desinformación la cometen los medios de comunicación? «Sí, sin duda, y, además, la primera desinformación, siendo muy crítico con los medios de comunicación, es no rebatir. Han dejado de hacer su trabajo y no dejan de ser el altavoz o grabadora de los partidos políticos. Si el medio se dedica a coger rueda de prensa, cortar lo que dice y pegarlo dentro de la página o del informativo no está haciendo periodismo. Hay cuestiones como la situación de Monasterio y su título de arquitectura que obligan a los partidos a ir a rebufo. Otro ejemplo, el caso de Inés Arridamas en Tenerife, donde se fueron de cañas a un encuentro en el que no se permitían preguntas… Los medios tienen que irse. Si no estás contrastando, haciendo una labor de verificación, (que no es nada nuevo el fact checking, es lo que se tiene que hacer de toda la vida), sí estás promoviendo que la ciudadanía no esté bien informada. Podemos llamarlo desinformación, propaganda o incluso publicidad cuando entramos al ámbito económico. Los medios son muy responsables en medida en que no manejan agenda, enfoques y no rebaten, y hay que esperar a que sea la oposición el que discuta lo que ha dicho un partido».

¿Y los programas de máxima audiencia son el nuevo ágora? «Se han convertido en un elemento fundamental en la información política rondando el info entertainment. Más entretenimiento que información donde se busca el espectáculo a costa de dar difusión a discursos racistas, por ejemplo. Algo que un medio de comunicación debería de plantearse hasta qué punto es lo que puede hacer o no. Este tipo de discursos pueden tener voz igual que Milosevic en la antigua Yugoslavia o Bin Laden, lo que no puede hacer el periodista es darle un micrófono abierto sino contrarrestándolo con datos y argumentos. Dar una especie de espacio gratuito al final es propaganda. Estos elementos son un lugar muy llamativo, muy rentable económicamente, en el cual la ciudadanía se está informando. Sin embargo, en estos lugares hay muy poco tiempo para la reflexión. Esa ágora que se está convirtiendo en un lugar común donde podemos informarnos de política es donde no tenemos una información pausada, analizada, aunque hay programas que hacen ese intento. Debido al formato, prima un espectáculo, hay mucho grito, muchos sentimientos tanto al lado negativo o positivo, cuando lo que hay que ahondar es al discurso de la razón».   

¿La monitorización es plausible? «Sí que es necesario monitorizar y controlar. En las elecciones más bien se hace con los discursos que lanzan los partidos a las redes sociales, y estas han jugado a un doble juego. Dicen que no son medios pero se sirven de estos para crecer como Google News o Twitter y Facebook que viven de estas noticias. Si nos salimos del mundo online y lo ponemos en el offline sería equivalente que un edificio estuviera lleno de carteles donde se dijera “los inmigrantes son asesinos”. El propietario de ese edificio de acceso público, (a pesar de ser una propiedad privada, ya que las redes sociales no dejan de serlo), es responsable de que se estén lanzando esos discursos. La polémica radica siendo una empresa privada que puede hacer lo que le dé la gana. Aquí nos encontramos con un gran problema y es que en las redes sociales no existe una regulación. Las grandes tecnológicas tienen un poder inmenso y desde EE.UU., Inglaterra y otros países se intenta implantar una regulación desde algo tan básico como que paguen impuestos por su negocio a adquirir responsabilidades». 

«Prohibir el acceso dice muy poco del carácter democrático del partido político»

¿Es legítimo que un partido no le permita la entrada a un medio en su sede electoral? «Es un elemento llamativo. Un partido político que apela a un actor político público, que recibe dinero público, está tomando decisiones que limitan a algo tan básico como es el acceso a la información. Hay que recordar que el medio de comunicación y sus periodistas no es una mera empresa más, lo que hacen es informar de los hechos que sea relevante desde un punto de vista informativo. Prohibir el acceso dice muy poco del carácter democrático del partido político, muy poco de su transparencia o su concepción del funcionamiento de los medios, los cuales tienen que ser críticos. El acceso al local del partido no es una discoteca. Esto no es equiparable bajo ningún concepto». 

Sin las cortapisas de las líneas editoriales, ¿cree que la verdadera libertad de expresión se está ejerciendo desde las redes sociales? «Hay que hacer un análisis de todos los medios de comunicación, y es que la libertad de expresión la ejerce de por sí los ciudadanos. La expresan en las redes sociales, en la calle, en las manifestaciones, en pancartas, leyendo periódicos, en cualquier forma. Los medios recogen ese conjunto de libertades. Todavía son el referente de ese tránsito a la realidad de la ciudadanía. Pero tenemos que pensar que, a pesar de una etiqueta general, existen muchísimas realidades en donde sabemos que los medios corporativos pertenecientes a grandes grupos empresariales no van a sacar determinadas noticias. En el ámbito político creo que no existen un gran problema debido a que si un partido político recibe un trato medianamente negativo en un medio de comunicación, saben, o pueden estar tranquilos, que hay otro que lo haga de manera positiva o de propaganda. Va a haber un contrapeso dentro de estos grupos. No obstante, las informaciones que afectan a determinados poderes económicos marcan la pauta, y ahí sí tenemos que ir a las redes sociales, las cuales no están supeditadas ni controladas». 

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