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‘La casa de papel’, una caja de sorpresas

La magia empieza en el texto y los guionistas de 'La casa de papel' lo saben bien. Foto: Miguel Ángel Amoedo

(Contiene spoilers)

Tengo que admitir que tenía mis dudas acerca de la trama de la tercera parte de La Casa de Papel. Creo que no era extraño pensar que la compra de la saga por parte de Netflix podría mermar la calidad de la del guion. No porque tenga nada en contra de Netflix, ni que los demonice, pero es que con un final como el de la segunda temporada (emitido por aquel entonces en Antena 3) parecía que otra entrega no tenía sentido bajo el curso de la historia hasta el momento.

Pero obviamos, al menos en mi caso, el detalle del papel que juegan los creadores y guionistas de la serie. Muchas veces nos quedamos maravillados ante una creación, pero nos olvidamos de que detrás de ella siempre hay varios cerebros que han tenido la idea original y, además, han sido capaces de plasmarla en un guion y frente a una cámara. En este caso, se trata de Álex Pina y Javier Gómez Santander, que además han explicado cómo ha sido el proceso de escritura de esta tercera parte recién estrenada.

Volvamos al principio. Me reservaba algo de desconfianza de cara al estreno, pues me esperaba algo de decepción por los motivos antes expuestos. Pero diez minutos me duró ese pensamiento: la adrenalina empezó a correr por mis venas a un ritmo de pulsaciones demasiado rápido para estar tumbado en un sofá. Pero de un guion solo no sale una buena serie. Los planos, la fotografía y los actores tienen que acompañar a lo escrito.

Giros de guion y personajes

Si hay algo que ha caracterizado todas las entregas de la serie española, es que los giros de guion llegan cuando menos te lo esperas y, además, siempre están presentes. Y con una sucesión de persecuciones, detenciones y alguna que otra vista paradisíaca, ya estábamos inmersos de nuevo en el clima propio de La Casa de Papel. Y para rematar, un nuevo atraco aún más imponente que el anterior: el Banco de España.

En todas las series, hay un personaje (o más de uno) al que odiamos, pero lo sabemos necesario. La muerte de Berlín (Pedro Alonso) al final de la segunda temporada significaba la desaparición de dicho papel, y muchas eran las incógnitas sobre su figura en esta nueva entrega. Y el papel que resuelve en ella es determinante: es el creador del atraco al Banco de España, la mente pensante junto a Palermo (Rodrigo de la Serna), su relevo al frente de la banda de los atracadores. Con las analepsis que ya caracterizaban a la serie, Berlín aparece manteniendo su lado soñador, como ente más irracional frente al cálculo inequívoco de su hermano Sergio, El Profesor (Álvaro Morte), pero desde la perspectiva externa del atraco, pues fue planeado años atrás, incluso antes del atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Esto le permite no mostrar su lado más brusco, temperamental y autoritario al que acostumbrábamos a ver y que nos producía ese rechazo. Frente a tanta testosterona, Alba Flores continúa bordando el papel de Nairobi o, lo que es lo mismo, la referencia del matriarcado que encabeza y al que hace referencia a lo largo de La Casa de Papel; Tokio (Úrsula Corberó) mantiene su recorrido propio de una montaña rusa; Lisboa (Itziar Ituño) en su nuevo papel de atracadora junto al Profesor, tras abandonar la Policía, en el que equilibra la balanza de la relación; Estocolmo (Esther Acebo), en una clara referencia la síndrome homónimo, también como contrapeso y espejo de Denver (Jaime Lorente); y la inspectora Sierra (Najwa Nimri), pura inteligencia cargada de maldad y que nada tiene que ver con su predecesora al mando de la operación.

El espectador también está sumergido en las dinámicas

Pero hay un elemento más que completa La Casa de Papel: los planos, los enfoques y la fotografía. La tensión y la emoción que pervive en el espectador a lo largo del visionado no sería posible sin los diferentes ángulos desde los que vemos el transcurso. Cenitales, aéreos o primeros planos están siempre presentes en el momento indicado para trasladar todos los sentimientos y emociones que los creadores quieren transmitir a quién está al otro lado de la pantalla.

El máximo ejemplo de ello sucede en la escena final, que también simboliza cómo los creadores nos sumergen en las mismas dinámicas a las que están sometidas tanto la banda como el equipo policial: los juegos de cámara y enfoque nos hacen creer y dar por hecho la muerte de Lisboa, pero nos engañan tanto a los que la estamos viendo desde fuera como al propio Profesor: los disparos no llegan a impactarle.

Llega el turno de la espera

Al contrario de la temporada anterior, el final queda abierto para una cuarta entrega (presumiblemente, la última) que deja a cualquiera con las ansias de resolver los enigmas, aún con la adrenalina palpitando. Parece que la espera será larga, pero lo que sí sabemos es que la creación de Álex Pina se consolida como una de las mejores a nivel nacional (incluso, me atrevería a decir que a nivel internacional) y a él mismo como uno de los mejores “imaginadores” y guionistas del panorama actual.

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