Ciencias políticas, Series

Jesús Gil, la historia de un ‘pionero’

Mezcló política y deporte hasta convertirse en un mito del populismo de derechas. Foto: HBO

¿Estamos ante un nuevo blanqueamiento de un déspota? Foto: El Español

Jesús Gil, el contestatario, histriónico y populista expresidente del Atlético de Madrid, ya tiene su propia serie documental en HBO: El Pionero. Estudiado con matices, es un personaje que dejó su huella indeleble en la España de finales del milenio pasado y comienzos del presente. El primer capítulo de los cuatro que componen la serie salió a la luz el domingo 7 de julio; cuenta con testimonios de valor incalculable para introducir la figura de Gil, tanto propios como de allegados, y se toma el tiempo suficiente para desgranar todos los detalles de su biografía.

Se arruinó varias veces, encabezó muchísimos proyectos, fue alcalde de Marbella, promotor inmobiliario, presidente del Atlético de Madrid… El cóctel explosivo de dirección deportiva, gestión política y pelotazo urbanístico lo empujó a la cárcel hasta en tres ocasiones, provocó su inhabilitación política, lo llevó a copar portadas, influir en la sociedad y, en cierto sentido, lo convirtió en un exponente del “hombre hecho a sí mismo”. Eso sí, a la española: por las bravas y dejando en el camino un rastro de deudas, edificaciones inconclusas e instituciones arruinadas.

Su primera vez en prisión: la tragedia de Los Ángeles de San Rafael

De cómo la corrupción desemboca en desastre. Foto: El norte de Castilla

Sus inicios en el sector inmobiliario se vieron afectados muy pronto por una debacle: corría el año 1969 cuando se produjo el derrumbe de un edificio en Los Ángeles de San Rafael (Segovia), erigido con prisas por parte de su promotora. ¿El resultado? 58 personas perdieron la vida y Jesús Gil acabó en la cárcel. Tras el pago de 400 millones de pesetas y pasados dieciocho meses de su encarcelamiento, fue indultado por Franco en 1971.

Su primer contacto con Vicente Calderón fue a raíz de una concentración del Atlético de Madrid en Los Ángeles de San Rafael. Vicente Calderón deposita su confianza en él, y poco a poco inicia su ascenso hasta llegar a la presidencia del Atlético de Madrid. En un momento de transformación del panorama futbolístico del país, un personaje como Jesús Gil era justo lo que se buscaba: un tipo irreverente, capaz de crear morbo, de azuzar a la prensa y a la afición, y con los redaños suficientes para abordar operaciones y traspasos que coparan las portadas de los periódicos. Es el caso de Paulo Futre, el fichaje estrella de su primera etapa, con quien transita de la mano hacia la presidencia del club en 1987, iniciando una revolución sin precedentes en el equipo.

Su llegada al Atlético de Madrid: el gilismo futbolístico

En 1990 se establece por ley la obligatoriedad de que los clubes españoles dejaran de ser sociedades civiles, convirtiéndose en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). En este contexto los socios del Atlético no pudieron hacer frente, dos años más tarde, a la cantidad exigida como capital mínimo del club (unos dos mil millones de pesetas). Finalmente, Jesús Gil y Enrique Cerezo acreditan haber conseguido dos créditos por valor de 1300 y 600 millones de pesetas respectivamente, que permitirían la conversión del equipo con ambos como máximos accionistas.

Porque de la presidencia a la alcaldía solo hay un paso. Foto: El Español

No obstante, ambos devolvieron el dinero a los bancos una vez “comprado” el club, por lo que la adquisición del 95% del club fue fraudulenta. Esto comportó la apertura del Caso Atlético, por el que fue declarado culpable de apropiación indebida en el año 2004. El delito acabó sin consecuencias para Gil (que falleció ese mismo año) y Cerezo, actual presidente de la institución deportiva.

De su mano, el club ganaría un doblete de copa y liga en 1996, así como otras dos copas del rey. Magro consuelo para una gestión deportiva nefasta, que acabará afectando profundamente a las bases de la institución deportiva y provocando el cierre de la cantera en 1991. Fichajes ostentosos, peleas con los jugadores, renovaciones anuales de plantilla y despidos de entrenadores definirán su paso por el Atlético, así como el descenso del equipo a segunda división en la temporada 1999-2000.

Marbella: la incursión definitiva en política

Su carácter insaciable lo llevó a presentarse a las elecciones en Marbella. Conocedor de la situación de la ciudad y de las posibilidades que el cargo de alcalde podía darle, aprovechó sin tapujos su popularidad como presidente del Atlético para catapultar su carrera política.

En su investidura como alcalde de Marbella. Foto: El Periódico

El imponente peso de la figura de Gil acabó transparentándose en una mayoría absoluta de su partido, el Grupo Independiente Liberal (GIL), cuyo nombre mostraba a las claras el carácter personalista de las políticas que iba a desarrollar. Marbella pasará a convertirse en una de las ciudades turísticas más importantes del país y el propio Jesús Gil conseguiría ejecutar muchos proyectos urbanísticos que tenía en la retina. Aquí se consolidarán sus redes clientelares y la línea que separaba al político del promotor urbanístico se volverá casi inexistente.

El balance fue desastroso para la ciudad: casi 30 000 viviendas ilegales, una deuda municipal monstruosa, la corrupción campando a sus anchas y, en definitiva, un entramado de empresas en el que las influencias con el alcalde garantizaban negocios millonarios. Se implantó un modelo de administración que funcionaba a través de sociedades mercantiles, contratadas por el Ayuntamiento para llevar adelante todos los aspectos relacionados con la gestión municipal.

Todo un caso

Neoliberalismo de raigambre municipal, opacidad de las cuentas públicas, clientelismo… El sistema societario es controlado por unos cuantos, afines al alcalde y a través de él se generan facturas falsas, se blanquea y defrauda dinero, se aseguran las inversiones de los participantes. Fruto de estas prácticas vienen nuevos encausamientos para Gil en el Caso Saqueo y el Caso Tribunal de Cuentas.

El gilismo elevado a concepto político. Foto: El País

También se aprovechó de su posición como presidente del Atlético de Madrid para publicitar la ciudad en las camisetas de los jugadores del equipo, un uso fraudulento del presupuesto del Ayuntamiento que acabó derivando en el Caso Camisetas. Fue encausado, además, en el Caso Jinete por patrocinar a un jinete que montaba dos caballos de su propiedad con dinero del Ayuntamiento.

Un hombre hecho a sí mismo

Una vez visualizados los dos primeros capítulos de El Pionero, solo me queda esperar que no se humanice en exceso a un personaje que fue nefasto para el país. Si bien es un acierto incorporar diferentes testimonios, lo que queda de manifiesto es que Jesús Gil no merece ser tenido por un referente. En ese sentido, y vista la imagen de cabecera de la serie (siguiendo la estética de El Padrino), espero y deseo que la serie evolucione en consonancia.

El padrino de Soria. Foto: La Voz de Galicia

El “pionero” estuvo tres veces en prisión. Fue indultado dos veces (una por Franco y otra por el gobierno de Felipe González) y acabó sus días en libertad bajo fianza, como resultado de un paro cardiaco provocado por una trombosis cerebral en mayo de 2004.

Durante muchos años fue considerado un referente, un hombre que fue capaz de obtener el éxito y la trascendencia mediática sin provenir de una familia importante, sin tener estudios superiores, hablando la jerga de la calle. A posteriori se sabe que fue un estafador de altos vuelos, que no pagaba sus deudas, que su supuesto pragmatismo camuflaba a un sinvergüenza que perseguía sus intereses sin importar cuántas cosas se derrumbaban a su paso.

¿Pionero?

Fue un pionero, sin duda. Mezcló la política y el deporte, en la línea de Berlusconi, y pasó a ser un referente de ese populismo de derechas que también encarnaron figuras como Ruiz Mateos o Mario Conde. El mito del emprendedor español de orígenes humildes, con un carácter arrollador e incombustible, que con su determinación es capaz de conseguir fama y fortuna.

Un mito que nos resulta tristemente familiar.

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