Esta isla lejana, en la que ahora vivo, es la isla de las maldiciones.

‘Crimen’ (Agustín Espinosa)

Están todas las paredes, todos los barrancos, todas las playas, todas las montañas, toda la espuma impregnados de las mismas tristezas de siempre. De las que me había olvidado también están ahí. Las soledades de la isla me acechan y me vuelven frágil y me escuecen. Me vuelven un extraño allá donde voy. 

Estoy postrado en una cama, con las costillas rotas, doce costillas rotas y las piernas mal operadas, la columna es una carretera que va haciendo eses, tengo los ojos entrecerrados y la boca callada porque aquí no me entienden… yo hablo y nunca me entienden… Estoy solo.

Quiero escribir del aroma del viento peinando los eucaliptos y de la pinocha mojada y el trino de un mirlo que pica las uvas junto al aljibe. Y también quiero escribir de los coches y de las autopistas y de los pájaros-antorcha que me elevan por encima del cielo, donde no se ven estrellas y todo está oscuro. Quiero sumirme en esa noche eterna que es un buen poema, inventar mi propio lenguaje —el idioma de las lilas— y que se olviden de mí. 

Fuga interrumpida, peral enfermo. Todo está lleno de fuego. 

Me clavo las uñas en las palmas de las manos, me rajo la cara en el espejo y y y hago fuerzas para no ponerme a llorar porque esto es lo que quiero este es el dolor que quiero ya no quiero ser más Ricardo (ricardo) quiero romper el ordenador en millones de pedazos y dejar este texto a la mitad

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El periodismo me queda de paso. Escribo. Arte, misantropía y revolución. Excelsior.


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