Saltan las noticias de la gran renuncia. Parece ser, según numerosos analistas, que es tiempo de repensar nuestro sistema: hacia dónde nos lleva, con qué calidad, a qué precio, cuáles son nuestras prioridades, tiempos, obligaciones, necesidades, tartamudeces insonoras que impiden que volvamos a la normalidad a cualquier precio. Normalidad. ¿Era, y es, normal cobrar 600 euros cuando el alquiler ya supone un 30% de este ingreso -en mi caso el 60%- mientras intentas formar una familia y aspirar a una mejor formación que no te permite compatibilizar educación y trabajo? ¿Queremos involucrarnos en esta relación que no lleva a ninguna parte, no tú, sino este sinvivir? ¿Era, y es, normal vivir contra todos tus anhelos?

En Cádiz el sector metalúrgico sigue luchando por la subida salarial en la segunda provincia con más paro a nivel nacional. Dicen que fuera hace frío. Ahora, acierra el otoño. Llega la gota, cae por la nariz y reverbera en el suelo sin mantas. ¿Pero hace suficiente frío fuera? El artículo Ahí fuera hace frío, ¿y qué? Una buena razón por la que la gente deja un trabajo fijo lo explica muy bien: hemos invertido los papeles y si, de todas formas, no tendremos una mejor vida que nuestros progenitores, entonces, ¿qué nos frena a buscar mejores opciones no ligadas al penumbrosos futuro que nos acecha?

he s wrong you re wrong the whole damn system is wrong aaaaaah

Durante mi tiempo en un periódico, un compañero me vino diciendo que nuestra generación (la mía, los que acabamos de salir de la carrera con una pandemia de por medio) buscaba otras opciones, no mejores ni peores, sino distintas a las que había contemplado él en su momento cuando la independencia económica de su casa era la prioridad.

No le creí. Lo tomé como un ejemplo más de lo desconectado que están los adultos de pleno derecho -aquellos que enfrentan las facturas-: ¿cómo iba mi generación a renunciar a un puesto de trabajo, sin fines de semana, echando horas extras, pero teniendo un curro así porque sí? ¿Qué se creía que éramos: menos capaces, menos conscientes de la realidad en la que vivimos, unos dependientes emocionales que destilan lágrimas de cocodrilo al mínimo esfuerzo? Yo estaba ahí diciendo sí a renunciar a mi vida social, mi estabilidad mental, mi calma y mi paciencia por encontrar un equilibrio entre lo propio y lo ajeno. Hasta que vi cómo ardía todo a mi alrededor.

Amor, ¿te estás deshidratando o es que no nos queremos más?

No es cuestión de que el trabajo dignifique, la vida ha de dignificarse por sí sola. Habríamos de obligar a un sistema que se enriquece gracias a la explotación y la precariedad a reconvertirse en una balanza justa y capaz de alternar los cuidados, la solidaridad y la generosidad con un funcionamiento óptimo. Fuimos capaces de darle al botón de pausa durante el confinamiento, ¿qué nos impide acordar como humanidad que esto no sea así? ¿Qué impide destruir este constructo común? ¿Qué?

Las élites, por supuesto. Pero también nuestro miedo. Una se despierta de las pesadillas, ¿y de este caos?

Quiero quemar, rabiar, hacer arder y gritar. Quiero que salten los cristales de las gafas al estallar una cabeza contra el suelo al no entender ni querer entender por qué nos estamos condenando incesantemente a este bucle tóxico e inmejorable a pesar de las esperanzas que se depositen en las alternativas. Somos seres múltiples y diversos, característicos de un acervo cultural y social, intelectual, que arrastra nuestras querencias y creencias hasta lo irrazonable. ¿Pero tan difícil es ver que todo está mal?

No es una actitud pesimista, es que nosotras tenemos suerte de haber nacido aquí. Sí, lo digo sin ningún tipo de ironía puesto que vivimos amparadas por una constitución democrática que garantiza el acceso universal a la sanidad y a la educación, unos niveles de igualdad tolerables -aunque mejorables-, un nivel de vida ascendente, no hay guerra mediática ni de poderes si cierras las puertas de tu habitación, y el clima te permite ir a beber una cerveza. ¡Y encima quieren destruir lo logrado!

¿Qué pasa con el resto del mundo: con la (neo)colonización, la explotación de personas y de recursos, la hambruna, LA F* CRISIS CLIMÁTICA? Que vamos a dejarnos morir. No es que haya una eutanasia programada a nivel mundial ni un Miguel Bosé cual parca de la muerta, estamos insistiendo en que el planeta nos eche de su puta órbita. Somos las idiotas que prefieren quedarse a oscuras con el móvil a encender otra bombilla con tal de que no les suba la factura de la luz.

companeros o competidores los lunes al sol

Otra vuelta de plomos

A Alberto Rodríguez lo han condenado por ser un obrero. A los miles de migrantes que mueren en aguas canarias los tachan de refugiados de segunda. Moriremos saturados y henchidos de azúcar sobre una bicicleta estática, en otro cubículo más, mientras las vacas se comen nuestras heces. Veremos a nuestro jefe gilipollas darnos la palmadita al renunciar cuando ha olvidado que fue un enchufado. Huimos de nuestro hogar a una ciudad bestia y sin escrúpulos, a donde esté la oportunidad, que el campo ya se secó, que solo quedan las migas duras de pan sin palomas enfermas a picar.

Estamos dominados por la suerte del cordón umbilical bueno. Entonces, ¿a qué esperamos para hacer arder las oligarquías y los centros de poder maquiavélicos y establecer un mundo justo y habitable? ¿El qué? ¿A que Ayuso, después de torear a Pablo Casado, gane las elecciones, a gastar otros 20 euros en un ensayo que ratifique lo que estamos sintiendo cada día, a una crisis nerviosa que nos lleve a tirarnos a la vía del tren?

Esto es una parrafada sin ton ni son. Ni repensada ni sobrealimentada ni hipercrítica ni supracontextualizada. Solo sé que estoy harta. Muy harta. Y no sé por qué. Estoy buscando alternativas y la boca se seca…

Aviso. Este ordenador llegará un momento que se apague por dos motivos:

1. No puedes pagar el próximo recibo y estás en la biblioteca pública esperando a que nadie te quite el turno que llevas renovando durante las dos últimas horas.

2. La energía mundial ha priorizado otro viaje al espacio de ese millonario calvo y no hay más recursos que exprimir. Esta es una fiesta a la que tú no estás invitada.

Tu futuro
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Periodista. Si quieres darme trabajo, estoy esperando. Hace frío, pero no mucho. @ carlarvero para más respuestas y escuchas inesperadas.


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