A veces, el teatro, el cine o la novela te hacen transportar a otro lugar distinto, quizás en otra época pasada o futura. Otras, en cambio, no solo se queda en el presente sino también en el mismo lugar preciso en el que estás sentado. Ese es el caso de ‘En tierra extraña‘ (Juan Carlos Rubio, 2021), la obra que nos traslada al mismo Teatro Español donde se representa, pero de 1936.

Allí, en los momentos previos al golpe de Estado franquista que pondría fin a la democracia, ensaya la gran cantadora de coplas Concha Piquer, interpretada por una valiente y segura Diana Navarro, en su primera exploración del género teatral. La valenciana, de vuelta a España tras sus estancias internacionales con su «baúl», prepara sus espectáculos con Rafael de León (Avelino Piedad), letrista y poeta de la Generación del 27, que mueve al ritmo del piano una obra que gana enteros con las numerosas canciones que se suceden a lo largo de la obra.

García Lorca, el invitado que se hizo esperar

Pero no es solo un ensayo entre dos amigos, con la confianza que eso apareja (para bien y para mal) y la fuerte personalidad de Piquer, a la que de León le tiene bien cogido el pulso. Hay más, más bien un tercero: Federico García Lorca (Alejandro Vera), el poeta del momento, al que la coplista quiere conocer a través del sevillano, amigo del escritor.

Acude García Lorca, con su conocido retraso que Piquer no admite, un comienza un duelo verbal entre ambos en un encuentro ficticio que, en realidad, nunca sucedió en el Madrid del 36. Con el trío sobre el escenario, la magia de ‘En tierra extraña’ estalla con las capacidades artísticas de los personajes (y de los actores que los encarnan): las canciones a una, dos y tres voces, con múltiples manos sobre el piano; la exigencia de Piquer frente a la calma de Lorca; y el intento mediador de de León.

Un baúl, una hilera de luces y una escalera de pintor

Con todo el foco latente puesto en la interpretación musical de las piezas del momento, la escenografía destaca por ser discreta pero clave. El juego que da tener el piano (con ruedas) a un lado y una silla al otro explota las posibilidades del espacio anterior: una escalera de pintor, el baúl «de la Piquer», un hilo de bombillas apagadas o una cortina completan los objetos que cobrarán sentido a lo largo del desarrollo de la obra haciendo imaginar múltiples escenas, todo desde el mismo escenario (el de un Teatro Español del 36 pero de 2021).

Con los tiras y aflojas de Piquer y Lorca ya en segundo plano (porque nunca se van), la valenciana empieza a mostrar el verdadero motivo del encuentro, más allá de que el poeta granadino le escriba una canción: «la gente como tú, Federico» está en peligro y sabe de buena tinta que está en algunas listas negras por su condición de homosexual y republicano.

Y aquí aparece el Federico combativo y comprometido con la idea de España abierta, tolerante y democrática, su patria, de la que no se quiere ir porque es suya al igual que del resto y en la que no se quiere sentir como «en tierra extraña». Solo el asesinato de José del Castillo justo al lado del teatro lo hace repensar, aunque declina la ayuda para huir de la valenciana.

Una reunión ficticia de tres figuras remarcables de nuestro país

Lo que sucedió después, en la realidad, ya lo conocemos todos: el asesinato y la ejecución de Lorca a manos de los golpistas (cuyos restos ilocalizables siguen avergonzando la memoria histórica, democrática y cultural de nuestro país) suponen un punto y seguido en la obra, antes del fin.

Una grandísima actuación de Concha Piquer (el broche final para la actuación de Diana Navarro) con letra de Federico García Lorca, ya difunto, firma el cierre más emotivo que pudo tener ‘En tierra extraña’. Un recorrido por un encuentro que nunca se llegó a producir, pero que, en el escenario del Teatro Español 80 años después, rindió homenaje a tres figuras importantísimas de la cultura de nuestro país.

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Estudio Ciencias Políticas y Sociología en la UC3M y combino mi pasión por los fenómenos políticos y sociales con la cultura, elementos indisociables de una misma y compleja realidad. Desde pequeño me ha encantado escribir y lo utilizo como manera de evasión y difusión.


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