Cine, Literatura

El cuervo en la cultura popular

Fotograma de la hitchcockiana ‘Los pájaros’. Foto: SER

Tan maldito y desterrado ha quedado, que el único dato real del cuervo que la visión popular tiene de él es el azabache brillante de su plumaje. Las connotaciones oscuras que carga consigo se remontan a la época medieval de los aquelarres de brujas. Desde este momento fue considerado un animal maldito, pero este rechazo solo ha conseguido ocultar las inverosímiles capacidades que puede desarrollar y su importancia en la historia, más allá de su relación con las artes oscuras.

Mala farma

La mala fama de esta ave carroñera le viene desde la Biblia, en el Antiguo Testamento. El cuervo era sinónimo de malos augurios y de fuerzas conspiratorias. He aquí un ejemplo en uno de los libros sapienciales del cristianismo, Proverbios:

 «Al ojo que se burla de su padre y desprecia la vejez de su madre, lo vaciarán los cuervos del torrente y lo devorarán los aguiluchos».

Asimismo, en la mitología y el folklore general, destaca la figura del trickster o pícaro divino, un dios representado antropomórficamente que desobedece órdenes, hace bromas y están vinculados al contacto sagrado con los mortales. Este personaje aparece en mitos y cuentos encarnado en cuervo, algo que ya denota la concepción que se tenía del animal.

El cuervo en la literatura

La novela Bernaby Rudge, de Charles Dickens, plantea una reflexión acerca de los males del fanatismo religioso, el crimen y el misterio. En ella, aparece un cuervo como uno de los personajes principales llamado Grip. Este ejemplar creado a base de puño y letra era todo un parlanchín (sí, los cuervos pueden imitar la voz humana) y fue la inspiración para el poema El cuervo, de Edgar Allan Poe, su obra más famosa que le llevó a la fama internacional. Una de sus estrofas dice así:

«Profeta, dije, augur de otras edades

que arrojaron las negras tempestades

aquí para mi mal,

huésped de esta morada de tristura,

di, fosco engendro de la noche oscura,

si un bálsamo habrá al fin a mi amargura:

dijo el cuervo: “¡Jamás!”»

Segunda Guerra Mundial

Las capacidades parlantes del cuervo son extensas. Se trata del ave con mayor número de neuronas registradas en su cerebro, y uno de los animales más inteligentes que existe. Los cuervos pertenecen a la familia de los córvidos, en la que se encuentran también otras especies de ave. Así, en la Segunda Guerra Mundial, uno de estos pájaros, la mina del Himalaya o gracula religiosa tuvo importancia histórica. Se cuenta que, durante el conflicto, una de estas minas tuvo un programa diario de radio. Por la tarde le enseñaban lo que tenía que recitar —casi siempre propaganda del Ejército—, a base de repeticiones constantes. De este modo, a la mañana siguiente conseguía contar un programa de veinte minutos, todos los días. Sin embargo, lo increíble de esta historia es que la mina alternaba el orden de las palabras y los enunciados presentes en el guion, de tal manera que aprendía palabras para luego formar frases con sentido por su cuenta.

Los cuervos son animales grupales capaces de memorizar y tener cierta empatía, ya lo decía Hitchcock cuando dirigió Los Pájaros en 1963. Lo cierto es que la figura del cuervo ha sido maltratada a lo largo de los siglos, cuando en realidad hablamos de una especie fascinante y que ha aportado mucho a la cultura popular. Aunque puede que ese misterio que le rodea —acompañado de sus altas capacidades— hagan de esta una criatura más fascinante, capaz de aparecer tanto en bosques y ciudades como en aquel «nunca, jamás» de Allan Poe.

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