Vivimos en una era de la digitalización bastante convulsa. Sobreinformación continua, fake news. Todo se conforma de una manera tan rápida como se desvanece: trabajos, relaciones, vivienda, etc. Nuestra célebremente llamada era posmoderna evita que tengamos un punto de anclaje, es decir, una forma de poder tener unos prismáticos para poder vislumbrar el ecosistema que nos rodea y poder encontrar un punto de referencia.

Nuestra hegemonía cultural está mediatizada por el clickbait, el sensacionalismo y el amarillismo continuos no solo en televisión sino también en redes sociales, como bien refleja el libro Sexo, muerte y clics; es decir, cada vez cuesta más distinguir lo que es importante o interesante de lo que no. Convivir en este océano de la insustancialidad conlleva un fast food de contenido que nos empuja a merodear por los lugares (WhatsApp, Tinder, Sálvame, etc.) como un pollo sin cabeza. Sí, vamos, como Vincent Vega en Pulp Fiction.

La consciencia del yo en tiempos de ‘turbocapitalismo’

Saber lo que queremos reside en el famoso «Nosce te ipsum», esto es, conocernos
a nosotros mismos. Buscar eso que nos distinga respecto a los demás. Actualmente, por circunstancias de toda índole, llegamos a vivir tan fragmentados de nosotros mismos que tampoco tenemos tiempo para bucear en ello. Nuestro marco hegemónico nos induce en el anhelo del sueño americano, de alcanzar cuotas tóxicas de fama y reconocimiento. Pero no nos engañemos. Hasta estrellas del cine de la talla de DiCaprio huyen del circo mediático y se rodean de un cerrado círculo de confianza, como ha demostrado a lo largo de su filmografía.

Como apunta Alfonso Alcántara en su libro, quizás la autorrealización consiste en saber ser fieles a uno mismo. Una vez averigüemos nuestro yo real, basta con ser disciplinados, curiosos, persistentes e inconformistas al mismo tiempo. «Trabaja en lo que puedas mientras persigues lo que deseas», nos alienta. O sea, acepta estoicamente tu circunstancia laboral o personal transitoria mientras sigues buscando el foco de aquello que te fascina y apasiona.

Aparición de nuevos modelos y limpieza de los actuales

En esencia, necesitamos modelos más adecuados y sanos de encuentro. Espacios donde poder sentir que existe una comunicación coherente y sosegada, y donde plasmar nuestras inquietudes, miedos y curiosidades con mayor libertad y transparencia.

Elogio de la lentitud, de Carl Honoré, es un libro que aboga a ello, a aminorar nuestro veloz paso, a contemplar lo que no podemos vislumbrar con nuestro ritmo tan vertiginoso, procurar hacerlo con más cariño y tacto y menos ansiedad, y poder disfrutar realmente de transitar por este camino.

Ya lo remarcó Jorge de los Santos con Marta Cáceres en su primer encuentro en Instagram en Para Todos La 2: es necesario favorecer lugares donde podamos detener esta máquina de producir ruido. Que nos focalizemos en dirigirnos a lo más importante al margen de nuestra inclinación contemporánea por la estupidez. Solo así podríamos generar un nuevo marco donde todo pudiera reactivarse y las cosas salieran realmente a flote. Este podría ser nuestra auténtica nueva guía de recobrar sentido.

Integrador Social con carácter ambicioso e inconformista, a la par de un espíritu curioso y autodidacta. Soy un apasionado por el cine, los deportes, la literatura y la escultura. Creo en un mundo mejor aunque me considero un verdadero optimista trágico.

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