El Telediario del pasado viernes sustituyó el habitual plató al que ya estamos más que acostumbrados por un nuevo escenario: la plaza de Villafranca de la Sierra, en Ávila, un pueblo de poco más de cien habitantes. La edición informativa quiso dar visibilidad a la España vaciada, a la España rural, esa España que lleva años reivindicando servicios tan básicos como una sanidad en condiciones, una línea de transporte, o simplemente, buena cobertura a Internet. El pueblo abulense es tan solo una de tantas zonas rurales de nuestro país que se encuentra en situación de abandono, de invisibilidad.

En 1933 Luis Buñuel dirigió el documental Las Hurdes: tierra sin pan sobre el día a día en la sociedad rural de, esta vez, la región extremeña de las Hurdes. Obra de referencia en su género, el Festival de Cine de Mannheim la incluyó entre los mejores documentales de la historia y servió de inspiración a artistas posteriores. Tanto es así que la película de animación Buñuel en el laberinto de las tortugas (Simó, 2019), basada en el cómic homónimo de Fermín Solís, realiza un recorrido y revive el rodaje del polémico documental de Buñuel. Dirigida a los más pequeños (pero no exclusivamente a ellos), recibió un Goya y cuatro nominaciones en la última edición de estos galardones.

Tierra sin pan, tierra de nadie

Las Hurdes, tierra sin pan (1933) es la tercera obra del cineasta español Luis Buñuel y uno de los mejores documentales de la historia del cine. El documental antropológico retrata la vida de los habitantes de una de las zonas más pobres de la España del momento, Las Hurdes, una región montañosa de Extremadura, una tierra en la que ni existía ni se conocía el pan.

Con la cámara prestada de un director francés, Buñuel graba un documental en el que se recogen las costumbres sociales, los modos de vida familiares, el trabajo en el campo y la supervivencia de la gente en una zona inhóspita. A lo largo de la obra se reflejan las duras condiciones de vida a las que eran sometidos sus habitantes, sumidos en la miseria y en la pobreza. La falta de higiene y el hambre desembocan en enfermedades fatales como el bocio y el paludismo.

El estudio de antropología humana Las Jurdes: étude de géographie humaine (1927), de Maurice Legendre y las investigaciones de Gregorio Marañón sobre la enfermedad del bocio en la zona animaron a Buñuel a rodar este documental.

¿Se puede considerar realmente un documental?

Que Las Hurdes: tierra sin pan sea un documental no está nada claro. Algunos expertos no se atreven a catalogarlo como tal; otros apuntan a una manipulación y una amplia mayoría lo analiza como propaganda política. Ciertos rasgos pueden hacer pensar que es un falso documental.

Las expresiones de las habitantes no se corresponden con las dificultades a las que se enfrentan. Los vecinos de las Hurdes atraviesan situaciones duras, pero ante la cámara se muestran impasibles, tranquilos e incluso felices. Las descripciones del narrador sobre la miseria contrastan con la actitud desinteresada de los personajes.

En ocasiones, hay que forzar los acontecimientos para que ocurran, tal y como reconoció Buñuel. El despeñamiento de la cabra por el precipicio no fue casualidad. Antes de caer, había recibido un disparo. En la película se puede apreciar el humo de la escopeta. El burro cosido a picotazos por las abejas tampoco fue fortuito. Buñuel untó la piel del burro con miel para que las abejas acudieran a él. El cineasta también afirmó que algunas escenas eran falsas, como el funeral del bebé muerto. Otras engañaban al espectador, como la imagen de la dentadura de la niña con dolor de muelas que, en realidad, son los dientes de una anciana.

El hambre y la necesidad

Nuñomoral, Fragosa, Martilandrán y Aceitunilla son algunas de las regiones donde Buñuel grabó el documental, el mismo trayecto que realizan los familiares del bebé fallecido para ir al cementerio. Esta es una de las imágenes más icónicas de la obra, el momento en el que se deposita el cuerpo del niño en un ataúd y avanza flotando a través del río, escena que podría recordar a Moisés en un canasto navegando por el Nilo.

Tres niños comen un trozo de pan mojado en el agua. El pan es un alimento casi desconocido en las Hurdes. El maestro de la escuela ha dado a los niños el trozo de pan y los obliga a comérselo en ese preciso momento, por si cuando lleguen a casa sus padres se lo arrebatan. Un burro moribundo a causa de las abejas, una niña enferma, hombres descalzos recorriendo grandes extensiones para ir a Castilla y Andalucía a la siega. La enfermedad y la carencia se ceba con los más débiles. El sacrificio es a veces la única solución para combatir el hambre y la necesidad.

Polémica e hipocresía

La obra constituye una crítica sobre la hipocresía de la sociedad del momento. Aunque fue tachado de partidista, tendencioso y falso, el documental sólo plasma una parte de los aspectos negativos que ya analizó Maurice Legende años atrás. Además, levantó polémica sobre la imagen de la España rural que se mostraba y la que las autoridades querían dar, da tal manera que el gobierno de la República prohibió su exhibición.

Las Hurdes, tierra sin pan ha sido un referente en la manera de hacer documental. El también cineasta Carlos Saura la tomó como inspiración para su documental Cuenca (1958): «En el año 1933, cuando Luis Buñuel realizó Las Hurdes, Tierra sin pan, pudo nacer una genuina escuela del documental, entroncada con las raíces más profundas del temperamento hispánico. Solo se debía seguir el camino que Luis Buñuel nos dejó, pero nadie lo hizo».

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Creo que no es casualidad que haya nacido y crecido en una ciudad que se llama igual que uno de los grandes poetas de la historia: Lorca. Lorqui(a)na de corazón y estudiando Periodismo y Humanidades en Madrid, siempre me ha interesado todo lo relacionado con el mundo de las letras, en especial, el arte y la literatura.


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