Cine

Mis 21 del XXI (vol. I)

Hace unos meses, cuando aún quedaba verano por delante y no conocíamos otra cosa que sol y arena de playa, un reto viral copó las redes sociales. El monstruo de Twitter se subió al carro que Cinemanía había puesto en marcha sin ser consciente todavía de la repercusión de su propuesta. Así, no quedó cinéfilo con perfil en Internet que pudiera resistirse a la gula de escoger las veintiún mejores películas del siglo XXI. Sin oponer apenas resistencia, yo caí en manos de esas hordas demoníacas que se consagraron a la tarea de rebuscar entre los recovecos de su bagaje cinematográfico.

Lejos de aquel caluroso día de vacaciones, hoy propongo esta lista de algunas de los grandes filmes del presente siglo. Aunque se trata de una lista claramente sesgada, he tratado de ser lo más objetivo posible, apostando por la diversidad de géneros, sexos, industrias y latitudes. Muy a mi pesar, he dejado en el tintero títulos como Avatar, Ágora, La red social, 10.000 KM o 4 meses, 3 semanas, 2 días y a colosales directores del calibre de Lanthimos, Burton, Haneke, Eastwood o Tarantino. Con todo, con sus aciertos y desatinos, estas son mis 21 del XXI. O, al menos, las diez primeras.

1. ‘Amores Perros’ (Iñárritu, 2000)

No hubo festival que se le resistiera a esta cinta mexicana que parecía de todo menos una ópera prima. Cannes, Tokyo y hasta el mismísimo Hollywood cayeron rendidos ante un cineasta de nombre insípido, un tal Alejandro González. Hoy, consagrado como uno de los directores con mayor proyección internacional, es el único mexicano que cuenta en su haber con dos premios Óscar consecutivos (Birdman en 2015 y El Renacido en 2016). No obstante, Iñárritu gana cuando juega en corto. No hay mejor cámara que la de este director cuando se trata de retratar las penurias de la sociedad iberoamericana (Biutiful y Babel). Amores Perros, con su trama de historias cruzadas, nos da lo que promete con su título: una buena dosis de (des)amor y un par de mordiscos. Y nos regala, además, la primera gran actuación de Gael García Bernal.

2. ‘El planeta del tesoro’ (Musker y Clements, 2002)

Aquí no valen los engaños ni las triquiñuelas. El planeta del tesoro está en esta lista porque sí, porque tenía que estarlo. Aunque pasó por salas sin pena ni gloria, algunos cinéfilos empedernidos coincidirán conmigo en señalar esta adaptación de las novelas de aventuras de Stevenson como una de los filmes de animación más infravalorados de la historia de Disney. Quizás su castigo venga porque rompe con todos los moldes. Aquí no hay princesas en apuros ni hadas madrinas; aquí solo hay un adolescente rebelde e inadaptado que parte en busca de aventuras para salvar a una madre soltera de la bancarrota. Al final ni siquiera comen perdices, sino un buen plato de ensalada alienígena. Por no hablar de Morfo, aquel adorable bichito rosa y gelatinoso.

3. ‘Ciudad de Dios’ (Meirelles y Lund, 2002)

Buscapé no es como los demás niños de la favela. A él no le interesa la droga ni el crimen organizado. De hecho, tiene muy claro lo que quiere ser de mayor: fotógrafo. Sin embargo, no es fácil perseguir los sueños en Ciudad de Dios, un suburbio de Río de Janeiro donde vivían hacinados los traficantes más peligrosos del Brasil de los 80. La historia de Buscapé es la de un niño sin infancia porque otros se la arrancaron. Los círculos en los que se relaciona lo empujan en numerosas ocasiones al mundo de la cocaína y los asesinatos. Ciudad de Dios trata de cómo es crecer en una ciudad sin Dios y, lo que es peor, sin futuro.

4. ‘El Señor de los Anillos: El retorno del rey’ (Jackson, 2003)

Corría el año 2003 cuando Peter Jackson puso punto y final a la fantástica aventura que había emprendido tres años atrás con La Comunidad del Anillo. Era el momento en que los seguidores de la trilogía conocieran cuál era el desenlace del profético destino que acechaba a Frodo, Aragorn, Légolas y compañía. Elfos, orcos, humanos y enanos llegaron desde los mapas de la Tierra Media que Tolkien había esbozado en sus libros hasta la gran pantalla para revolucionar la historia del cine y su industria. Después de aquel multimillonario viaje hasta Mordor, nada sería igual, y Hollywood lo sabía. Quizás por eso la Academia se reservó para esta película todos los premios que Jackson se merecía desde la primera entrega; nada menos que once fueron las estatuillas que se llevó a casa el neozelandés y un récord de galardones que solo comparte con Titanic y Ben-Hur. Lo siento, Gollum, pero no hay sortija que valga, El retorno del rey sí que es un tesoro.

5. ‘Lost in Translation’ (Coppola, 2003)

Existen un par de razones que le aseguraban a este filme un puesto en mi lista. En primer lugar, Sofia Coppola se alza como una de las mejores cineastas de nuestra época. Por otro lado, Lost in Translation se eleva como una de las cimas del cine independiente norteamericano. Aparentemente, Bob Harris (Bill Murray) y Charlotte (Scarlett Johansson) no tienen nada en común. Ella acaba de casarse y está de viaje en Tokyo mientras su marido, un fotoperiodista, prepara un reportaje. Él, en cambio, es un actor venido a menos que se traslada a Japón para rodar un anuncio de whisky. Quizás en Nueva York no se hubieran detenido a conocerse. Pero allí, perdidos en la inmensa jungla de rascacielos y luces led, Bob y Charlotte comparten mucho más de lo que imaginan. A medida de que se desarrolla su amistad, ambos se dan cuenta de que sus vidas están vacías y ellos, perdidos. Lost in Translation es una bonita metáfora de cómo es posible algo tan puro como el amor en tiempos de posmodernidad a raudales.

6. ‘Te doy mis ojos’ (Bollaín, 2003)

Pilar se lo había dado todo. Le había dado un hogar, un hijo y hasta sus ojos. Le había dado tantas cosas, que Pilar ya no se guardaba nada para sí. Ni siquiera el orgullo. Por esta razón, ya no le sorprendían los gritos de Antonio, ni sus miradas de desprecio ni las marcas que dejaba en su piel. Pero un día, Pilar se desmorona. Son múltiples las pruebas que Icíar Bollaín pone sobre la palestra para demostrarse como una de las directoras  más sensible de nuestro país. También la lluvia (2010) y El olivo (2016) son dignas herederas de ese caudal de valentía y fuerza que la madrileña había abierto desde principios de siglo. Por eso y por tener el coraje de hablar de un tema tan vituperado por el cine como la violencia de género, Bollaín se merecía un puesto entre las grandes cintas del siglo XXI.

7. ‘La mala educación’ (Almodóvar, 2004)

Sería hipócrita no reconocer mi animadversión hacia el Pedro Almodóvar más excéntrico e impostado. No obstante, aún más ridículo sería tratar de ocultar la inmensa contribución del manchego a la historia del cine universal, distinguiéndose como un autor con una extensísima simbología particular. Pese a que La mala educación reúne los exponente más destacados de la filmografía almodovariana (desde los travestis de Todo sobre mi madre hasta las pistolas de Mujeres al borde de un ataque de nervios, pasando por la tensión sexual no resuelta de Carne trémula), hay muchos elementos que convierten a este largo en el más maduro de toda su carrera. Ni siquiera con el melodrama Julieta, Almodóvar consigue coordinar un drama pasional y moral tan potente. En parte, por el dilema identitario que se plantea a lo largo de la trama, pero también por el brillante trabajo actoral de Fele Martínez, Javier Cámara y, de nuevo, un mayúsculo Gael García Bernal.

8. ‘Brokeback Mountain’ (Lee, 2005)

Con la sombra de grandes dramas del estilo de Casablanca, la cinta del taiwanés se corona como la mejor película de amor (heterosexual inclusive) del presente siglo. A Ang Lee no le hacen falta los besos o las escenas de sexo para desarrollar una historia de pasiones prohibidas tan verosímil que escuece. Son escasos los planos que Heath Ledger y Jake Gyllenhaal comparten en pantalla. Sin embargo, el espectador no tiene dificultad en creerse lo mucho que duele la distancia entre dos personas profundamente enamoradas. Pocas palabras y un locus amoenus en el lejano oeste bastan cuando el guion, aunque contenido, respira verdad por los cuatro costados.

9. ‘Match Point’ (Allen, 2005)

Irrational Man, Vicky Cristina Barcelona, Midnight in Paris… es interminable la lista de obras maestras que Woody Allen nos ha regalado solo en los últimos veinte años. Es, además de uno de los grandes directores vivos que no ha cedido nunca ante la mediocridad, el judío con más manías y supersticiones de Norteamérica. Sin embargo, se deshace de todas ellas en Match Point, una intrigante historia de crímenes que tiene de comedia romántica tan solo el envoltorio. Jonathan Rhys Meyers y Scarlett Johansson son amantes y cuñados. Ambos representan el sueño de todo pobre en Occidente: hacerse un hueco entre la aristocracia brticánica. No obstante, si el tenis nos ha enseñado una lección es que nos lo jugamos todo a un punto de partido. Y que el verdadero protagonista es el azar.

10. ‘Cisne negro’ (Aronofsky, 2010)

Quién se hubiera imaginado lo espeluznante que podría resultar la aparentemente inofensiva Natalie Portman. Un par de plumas negras y un papel esquizoide fueron suficientes para convertir a la israelí en una temible bailarina, dispuesta a llevárselo todo por delante en su carrera hacia la fama. Enfrentada a su compañera de ballet (Mila Kunis), examinada bajo la exigente mirada de su profesor (Vincent Cassel) y controlada hasta el extremo por su madre (Barbara Hershey), Nina se obsesionará por el que cree que será el papel de su vida hasta el punto de dejar de distinguir entre realidad y ficción. El lago de los cisnes es solo el telón de fondo de un cuento de terror psicológico que roza niveles esperpénticos.

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