En el mundo, existen muchísimas culturas y formas de vivir la vida. Cada una diferente, a su manera, con sus costumbres, religiones y formas políticas. Estudiar el resto, las que nos rodean, es, por supuesto, útil para avivar y aumentar el conocimiento, pero puede convertirse en algo difícil pues no dejamos de ir con nuestros prejuicios y nuestros esquemas mentales sobre la concepción de la sociedad. El reto de estudiar lo diferente es al que se enfrentan los antropólogos y etnógrafos cuando se trata de observar a quienes nos rodean, fuera de nuestra burbuja etnocéntrica y cultural.

Lo que hay detrás de las bambalinas

El antropólogo inocente‘, de Nigel Barley (Anagrama, 2005), presenta un ameno acercamiento al trabajo de campo etnográfico en todas sus vertientes, tanto en el apartado puramente teórico (o metodológico), como en aquel que se refiere a las interacciones y actuaciones del investigador con respecto a la población de estudio en el terreno. Además, también comenta la parte de atrás de la investigación, lo que sucede tras las bambalinas: esto es, el papeleo necesario (e infinito) para obtener permisos de investigación, visados, becas y otra financiación, que en numerosas ocasiones es un gran muro al que hay que superar.

Al inicio de esta investigación, cuando todavía no era fielmente una, Barley se enfrenta a la burocracia primero en su país de origen, Inglaterra, para retomar los estudios y poder irse a investigar, y luego en Camerún, donde se sitúan los dowayos. Es más, una vez en el país africano, se suceden las idas y venidas entre ciudades, oficinas y sedes gubernamentales y diplomáticas, para conseguir todos los permisos. Eso sí, a la vez que el dinero sigue bajando en su cuenta corriente.

Tabaco y alcohol para intercambiar por información

Cuando consigue pasar todo esto y obtiene un coche, se traslada a una misión protestante, que le acoge los primeros días antes de partir a la aldea Kongle, hogar de los dowayos. Una vez consigue llegar a la población, junto al traductor Matthieu, es bien recibido por los locales, que veían con superioridad a cualquier blanco. Allí, con alojamiento incluido, comienza el trabajo de campo sobre los dowayos. En numerosas ocasiones, consigue más información a cambio de tabaco y alcohol, que son productos muy bien recibidos por los habitantes del lugar.

En lo que más se centra Barley es en los rituales, pues no son pocos ni simples: destaca, sobre todo, el de la lluvia, pero también el de la circuncisión masculina o el de las calaveras. De la misma forma, al antropólogo le llama la atención el papel que juega la sexualidad. Los dowayos son una sociedad especialmente activa en las relaciones sexuales, desde muy temprana edad. Además, se une con el rito anterior de la circuncisión, porque los hombres que no la tengan no pueden ser vistos por una mujer. De la misma forma, si una mujer se queda embarazada antes del matrimonio (que también funcionaba por dinero), es una muestra de fertilidad.

Alejarse de los estrictos límites académicos

Este novelado informe de Nigel Barley sobre su trabajo de campo con los dowayos se sitúa alejado de los rígidos límites que acostumbran a regir este tipo de textos, al introducir la investigación en formato novela y, sobre todo, personal, acerca de lo que le sucedía en cada uno de los instantes del viaje. De la misma manera, además supone un acercamiento que podríamos denominar como muy poco paternalista con respecto a la cultura estudiada. Este es un sesgo, o un prejuicio, en el que es muy fácil caer, de plasmar nuestro etnocentrismo en las investigaciones que llevamos a cabo, máxime si hay un abismo y una brecha tan abismal (en todos los sentidos) entre la cultura de Barley y la de los dowayos.

Es más, dada la implicación que el antropólogo vierte en el estudio de la cultura, al integrarse bastante en la comunidad y en el día a día, en vez de limitarse a una mera observación constante y algunas entrevistas puntuales, podemos resaltar que no haya caído en estas actitudes que podrían haber lastrado el enfoque de la investigación. No obstante, también es importante señalar el apoyo de los misioneros protestantes del que gozó Barley, sin cuya inestimable ayuda, quizás la investigación se hubiese truncado o terminado antes.

La diferencia entre la evangelización y el estudio científico

No en vano, el antropólogo también marca una gran frontera entre ambos: mientras que los religiosos acuden a evangelizar a la población nativa, el investigador lo hace sin ninguna intención de cambiar o hacer cambiar a los dowayos. Simplemente, el objetivo es el de obtener y extraer los máximos datos posibles acerca de la cultura de la población local.

Aunque, tal y como venimos comentando, la incorporación o mimetización del etnógrafo (el reto) era bastante intensa. Al menos, algo más de lo usual, si bien esto no afectó en su labor de recogida de datos. En cierto sentido el antropólogo hace suyas ciertas costumbres, en tanto las pone en un escalafón de normalidad, lo que también puede provocar cierta extrañeza en el lector (¿se puede percibir como falta de objetividad, entendida como ceñirse a unos métodos?), pues se rompe la separación que se da por supuesta, entre Barley y los dowayos.

La reflexividad no exime de las implicaciones personales

La base para solventar el reto fundamental es la reflexividad. La reflexividad de ser consciente de lo que supone esa figura en un terreno totalmente diferente. De hecho, como mencionamos, cuando lo reciben las primeras veces los dowayos, lo tratan muchísimo mejor, casi como si existiera una jerarquía invisible, un escalón que no se ve, entre el investigador occidental y ellos. Otra de las tensiones que se refleja clarísimamente es la relacionada con la empatía y el extrañamiento, con la conversación y la charla íntima. Barley, en numerosas ocasiones, rompe por completo la barrera y se integra prácticamente como uno más, al que contarle confidencias o historias que, manteniendo ese estatus de investigador alejado, no hubiera conseguido de otra manera.

No obstante, las implicaciones personales son claras y, por supuesto, tiene el coste de entrar en la frontera donde se difumina el trabajo de campo y los datos recogidos. En este sentido, todo esto aúna las características y peculiaridades de la observación participante introducida por Malinowski, al que también menciona Barley en su investigación. Por supuesto, la interrumpibilidad de la observación participante del etnógrafo es fundamental y así lo refleja y lo mantiene, con más o menos intensidad, a lo largo de toda su estancia en Camerún.

Las trabas burocráticas no se han extinguido desde aquel entonces

El trabajo de campo de Nigel Barley, literaturizado en ‘El antropólogo inocente’, representa, como hemos venido diciendo, un gran acercamiento a esta disciplina y a esta aplicación práctica. Por muchos motivos, como el logro de mantenerse científico en todo momento, al no caer en prejuicios y valoraciones etnocéntricas, a la vez que mantenía una observación participante y se involucraba en la vida de los dowayos.

Este tipo de trabajos es fundamental para aproximarnos a culturas diferentes, como base, pues en ningún momento hay una intención de juzgar o evangelizar a estas tribus, sino obtener información científica con la que elaborar un perfil sobre ellos y así ahondar en el conocimiento del planeta.

Todo tiene un enorme grado de implicación personal

Por supuesto, es justo mencionar que esta investigación no estuvo exenta de trabas burocráticas, académicas y económicas y que, desgraciadamente, podemos decir, hoy en día, que todavía no nos hemos librado de ellas. Es una cuestión central para reflexionar, por el gran impacto que tienen esos procesos en sacar adelante un trabajo académico.

Por tanto, ‘El antropólogo inocente’ es la representación de un buen trabajo teórico, de una exquisita aplicación práctica (a pesar de los riesgos que conlleva una observación participante del calibre de la de Barley) y de una natural y honesta aproximación a una tribu y a los propios lectores. Cabe destacar, también, el diálogo final del libro, que muestra el grado de implicación emocional que normalmente caracteriza a estos etnográficos. El mejor punto y final para una investigación amena y concisa.

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Estudio Ciencias Políticas y Sociología en la UC3M y combino mi pasión por los fenómenos políticos y sociales con la cultura, elementos indisociables de una misma y compleja realidad. Desde pequeño me ha encantado escribir y lo utilizo como manera de evasión y difusión.


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