Arquitectura, Series

‘Unorthodox’, los muros del extremismo religioso

'Unorthodox' narra la huida de una joven de su comunidad religiosa. Foto: Tripticum

Una partitura ondea a través del balcón lanzada al viento. La recoge Esther Shapiro cuando asoma su cabeza rapada al horizonte y desentraña el significado de qué es poseer libertad. Las notas dan voz a sus pensamientos y toman forma cuando decide escapar de la comunidad judía Satmar ultraortodoxa en la que ha crecido los últimos 19 años. Esto es Unorthodox (Karolinkski, Winger y Schrader, 2020), la nueva producción de Netflix inspirada en las memorias de Deborah Feldman, escritora que recorrió esas mismas calles antes de poder publicar su historia.   

El lago Wannsee

Al suroeste de Alemania hay varios lagos enlazados llamados Wannsee. La cámara recorre a lo largo y ancho de su costa la mirada de Esther cuando contempla por primera vez el mar. Los desconocidos que la acompañan le dicen que allí fue donde en enero de 1942 los oficiales superiores nazis decidieron en la Villa Marlier la solución final, es decir, el exterminio de los judíos en la antesala de la II Guerra Mundial. Shapiro los mira, horrorizada, y les dice «¿y os bañáis aquí?» aludiendo a las muertes, ellos se ríen mientras el barullo de la playa continúa. El pasado queda perdido en las olas.

La acción de Unorthodox transcurre paralelamente en un barrio de Nueva York y la ciudad de Berlín a lo largo de cuatro episodios que analizan la necesidad de sobrevivir. Shapiro es abandonada por su madre, cuyo padre judío es alcohólico, y a lo largo de su infancia y juventud ha sido criada por otros miembros que se han convertido en su núcleo familiar. Así, encuentra al contraer matrimonio con el joven Yakov una manera de comenzar una nueva vida.

Sin embargo, las exigencias de la unión, dictadas por el libro sagrado de la Torá, y la ignorancia y secretismo que circundan a la sociedad en la que vive hace que las relaciones sexuales de la pareja no se consuman. «Es tu deber», esa es la premisa. Eso es lo que dice su protectora, su abuela, su suegra, su marido. Youtube no puede enseñarles que besar y acariciar ayuda a lubricar, o algo más que Esther sospecha al expresar con un murmullo quedo «los jóvenes ven ahí lo que hay que hacer». Pero ella no.

Las corrientes fluyen y, como hizo su madre en el pasado, ella repite los pasos que la guían hasta el exilio dejando atrás una peluca que ocultaba tanto su cabello como sus ideas. Deja el pasado y desoye lo que un día creyó.

Los espacios dejados por el muro  

Postdamer Platz es uno de los distritos más importantes de la capital alemana al renacer tras la caída del muro en 1989. La renovación urbanística contó con la planificación y diseño del arquitecto Renzo Piano, y con las obras de Richard Rogers, Rafael Moneo y Arata Isozaki. Los bombardeos, la destrucción y la desestabilización provocadas por la contienda asolaron la paz del centro, que tuvo que esperar a la reconstrucción durante varias décadas.

La luz que aportó Piano con la confluencia de las avenidas y las calles del barrio compuso una nueva apuesta por el tejido social de la época, como explican las productoras de Unorthodox en el apartado de Cómo se hizo. Los vestigios históricos aún conservan la candidez con la que se decidió dotar a una Alemania lúgubre y hastiada del conflicto. Por ello, el conservatorio alberga pasillos amplios y aireados en los que Esther se oculta durante sus primeros días en Berlín, en donde conoce a sus nuevas amistades y descubre que los vaqueros pitillos no le quedan nada mal.

La reconstrucción después de la guerra unida a la profunda división que deja en el pozo… Esther opta por postularse a la beca que da el conservatorio como una de las pocas posibilidades que le quedan para labrarse un futuro.

Edificios sin vistas

Una de las amenazas constantes que siguen a Esther es la vigilancia y persecución de los religiosos extremistas. Yakov, su esposo, y Moishche, un hijo pródigo, son mandados por el rabino para que la traigan a casa. Una pistola se cuela en el equipaje. En ella, la bala deja escrita en el rostro que una mujer de la comunidad ha de estar dedicada en cuerpo y alma a su esposo, a formar y cuidar de la familia, a ser un mero miembro secundario de la función.

Los gestos de la actriz Shira Haas son suficientes para detallar la transformación tanto en inglés, alemán como en idish —es la primera vez que se rueda en este idioma—.

Yakov alcanza a recordar las palabras de Esther la primera vez que se conocieron después del acuerdo alcanzado entre sus familias: «Yo no soy como las demás chicas». El apartamento en el que conviven en Willaimsburg, localidad judía de Brooklyn, es sobrio. Apenas unos muebles distribuidos por aquí y allá, dos camas individuales para dormir, sin decoración, y el interior y la fachada del edificio personifican la sobriedad de la creencia.

Las manzanas residenciales están tocadas por el racionalismo. El estilo arquitectónico promovió durante la segunda mitad del siglo XX construcciones de líneas sencillas y funcionales, evitando la ornamentación excesiva y aplaudiendo un diseño simple. Fachadas libres, puras, colores oscuros y de una sola tonalidad como las largas faldas que cubren las piernas de las fieles.  

La divulgación cultural

La expresión visual, artística e interpretativa es un conglomerado que sumerge al espectador en la cultura y convivencia de distintas etnias. La contraposición entre extremismo y experimentación, las dos con una x de bifurcaciones, cabalgan juntas en el relato. Unorthodox pone, una vez más, el foco de atención en las barras de cemento que construye la religión alrededor del ser.

Esther Shapiro y su esposo durante el enlace en ‘Unorthodox’. Foto: Tripticum

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