Bellas artes, Humanidades

Tres trípticos, primer aniversario

Probablemente, el tríptico más célebre de la historia del arte. 'El jardín de las delicias' (El Bosco, s. XVI). Foto: Museo del Prado

Una pintura en tres actos, un poema de tres estrofas, una canción con triple estribillo, un objeto de triple punta. ¿Qué es un tríptico? En esta serie proponemos tres figuras para reflexionar sobre el concepto, depasando los límites tradicionalmente promulgados por la historia del arte con el único objetivo de confirmar el tríptico como un género transversal en todos los movimientos artísticos y la encarnación de una necesidad de creación poliédrica y plural.

1. ‘La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo’ (Damien Hirst, 1992)

En 2016, el animal nadó hasta Arco. Foto: El País

En el límite de lo zafio y lo grotesco, el enfant terrible del arte conceptual británico de finales de la centuria pasada se reencuentra con sus obsesiones regulares a través de su conjunto Natural History. La ciencia, la muerte y una bestia primitiva a modo de alegoría de la existencia humana son elementos de sobra para lograr el efecto que tan desesperadamente Hirst busca una y otra vez: golpear al espectador con una crueldad prominente. En esta exposición, aclamada y odiada en igual medida, el artista explora el Thanatos, algo tan personal como la pulsión de muerte, desde una asepsia científica. Critica, de este modo, la banalidad de la relación entre el ser humano y el medio natural, los miedos primitivos que acucian al Homo sapiens y el propio límite del arte. Las fauces abiertas, la aleta rígida, el gesto de muerte sumergido en formol, una cárcel de acero y cristal. Y luego, una enorme paradoja: el escualo se descompone lentamente desde algunos años atrás. Ricardo Marrero Gil

2. ‘La Adoración de los Magos’ (Pieter Coecke Van Aelst, 1530)
Tríptico 'La Adoración de los Magos'

Situado en el Museo del Prado, en Madrid. Foto: Museo del Prado

Lo propio del Renacimiento italiano, encarnado en la pintura de un flamenco. El tríptico de Coecke Van Aelst no es novedoso por la escena que representa, la Adoración de los Magos al niño Jesús. Lo realmente llamativo de este tríptico, sobre todo de aquella época, es que rompe con la tradicional representación de tres escenas diferentes: el tríptico en sí es una unidad, una característica del movimiento italiano al que el pintor flamenco se acercó en un viaje de 1525. Simbolizar una unión separado por obvios marcos materiales es difícil, más aun si lo normal hasta la fecha era mostrar tres escenas diferentes correlacionadas. Y quizás ahí radica el sentido del tríptico: mostrar, excepcionalmente, la unión de piezas aparentemente separadas pero que, de una manera u otra, conforman una suma que sería imposible con la ausencia del mínimo elemento de cualquiera de las escenas. Mario Yanes

3. ‘Tierra vasca, Lírica y Religión’ (Gustavo de Maeztu, 1922)

Obra invitada en el Museo de Bilbao en 2014. Foto: Museo de Bilbao

1878. Varias lanchas pesqueras parten del puerto de Santander en un peligroso adentramiento a alta mar debido a una feroz tempestad. El trágico desenlace se cobró la vida de más de 100 marineros, en lo que se conoce como La Galerna del Sábado de Gloria. En este tríptico Gustavo de Maeztu pone en consonancia la tradición vasca y pescadora con la recreación del acontecimiento. Se trata de toda una alegoría de las costumbres del pueblo vasco. El momento captado en el panel central es el de los navegantes que por fin desembarcan. Los paneles laterales simbolizan la vida y la muerte: el de la izquierda con un ambiente lúdico gracias a la presencia de niños, y el de la derecha con seres que deambulan y un mar rabioso. José Manuel Pérez

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