Tori Ferrer anda descalza. Un poco a su aire, un poco asustada, a veces impávida y otras osada. De lo que no duda es de seguir creando en este pequeño espacio que se expande a medida que va creciendo artísticamente. Dice que es más intensa que el café, pero lo que de verdad la caracteriza es esa ternura que transforma en tenacidad a la hora de defender su trabajo. Nacida en Uruguay y crecida entre las calles tinerfeñas, comenzó su andadura musical desde bien chiquitita y ahora lanza su segundo sencillo: La Guerra, una expresión de ingravidez que se gestó en la calma del confinamiento. Es periodista, aunque la meta siempre ha estado en otro lugar, puede que por fin un poco más cerca tras haber ganado el tercer premio de Música Joven de la Fundación CajaCanarias. Un apoyo —indispensable— para ver qué sucede con el que está siendo el despertar de una fuerza en llamas que espera cristalizar en su primer trabajo discográfico.

La semilla de una guerra se gesta mucho antes de su estallido. ¿Dónde nació la tuya y por qué brotó? «Sonará un poco atrevido y juguetón, pero no recuerdo exactamente dónde. Creo que fue destino y hasta la mismísima ciencia se metió en el juego para que nos diésemos la mano.  Mis recuerdos más tempranos van empaquetados de un tempo, una armonía y un compás. Si creo en el amor a primera vista es por esto, porque yo no elegí. No tuvimos un encuentro premeditado, simplemente, empecé a jugar y el juego se convirtió en la realidad que me permite respirar. Tal vez, más allá de lo que soy capaz de ver hay explicaciones para esto pero a día de hoy lo único que tengo claro es que me siento eternamente agradecida de este estallido, huracán y revolcón que me permite darle la vuelta a lo que fotografían mis ojos y a lo que tocan mis manos».

Juegas con otros estilos en tu nuevo sencillo La Guerra, ¿de qué influencias te has valido para hacer esta producción? «Lo cierto es que, por muy romántico que suene, la principal influencia fue el ciclo natural de la canción. Escuchamos mucha música de diversos palos antes y durante el proceso de producción, pero, al final, nos dejamos llevar por donde ella nos iba llevando cada tarde que nos reuníamos para trabajar. Sí que hay elementos y arreglos a nivel producción que puedo identificar particularmente de algunas canciones, pero en términos generales, fuimos experimentando y toqueteando hasta que dimos con la fórmula que estábamos buscando sin saberlo. Creo que esto, al final, fue lo que hizo que tuviese un sonido peculiar».

No tienes ningún tipo de tabú al tratar temas como el bullying, la ansiedad, la inseguridad, la depresión, la lejanía (en Volver a ser) palabras que pesan por los estigmas que soportan y esa negatividad que las ensombrece en ocasiones. ¿De qué manera las afrontas en tu proceso creativo? «Tocar este tipo de temas no es para nada intencionado. Sí es verdad que siempre tengo el mente el darle visibilidad a ciertos temas. Al final, por mucho que yo quiera escribir sobre algo hasta que la canción no toca mi puerta, no me veo capaz por el desnudo emocional que eso supone. Es un proceso que disfruto y del que muchas veces saco un aprendizaje a raíz de la catarsis a la que me expongo. Escribir sobre lo que duele o sobre lo que te pone el mundo patas arriba, a fin de cuentas, te lleva a rincones que no conocías o a filos que daban mucho vértigo como para asumirlos con completa naturalidad».

«Las canciones son los imposibles más deseados para quienes no sabemos entender lo que pasa por otras vías»

¿Qué significado tienen para ti? «En Cero, a pesar de que hablo del bullying en general, es una carta que me escribí a mí misma y no me di cuenta de ello hasta que puse el último punto en el último verso. Luego, con La Guerra, me pasó que me di una lección cuando terminé de componerla porque sí, la ansiedad la vivo en primera persona desde que tengo uso de razón pero, ponerle canción como cuando le pones cara y cuerpo a un problema, me hizo reflexionar aún más sobre cómo nos llega a condicionar nuestras relaciones sociales o la vida en sí misma. No sé, las canciones son los imposibles más deseados para quienes no sabemos entender lo que pasa por otras vías. Muchas veces, vienen solas a ti y te toca escucharlas y eso implica también ser consciente de lo que se desmorona o de lo que te mantiene en pie. Creo que cuando el artista se encara con su obra es el encuentro más salvaje y hermoso a todos los niveles».

El primer sencillo lanzado por la cantautora Tori Ferrer.

El cambio de estética es llamativo también, pasas de los azules y blancos, un proceso casi que curativo en Cero al rojo del torbellino, ¿a dónde crees que te está llevando este crecimiento que muestras en paralelo a tu público? «Me está llevando a entenderme mejor, a deshacerme de mis fantasmas, a aceptarme y, sobre todo, a perdonarme por sentir demasiado a veces. Soy más intensa que el café y eso a veces me juega muy malas pasadas y, por ello, me he juzgado más de lo que debería. Cero me curó, me dio paz y también, me dio la mano de la forma más segura para exponerme al 100% al mundo. Llevo escribiendo desde que empecé a trastear con la guitarra cuando tenía 11 o 12 años y, claro, cuando decidí mostrar mis canciones al mundo, fue un proceso de aceptar esa sensación de doble vulnerabilidad.

Por eso, creo que esa canción fue mi mejor opción, por lo que cuenta que para mí es una vivencia que me marcó y porque es luz. Como bien dices, la estética ya dice muchísimo y Cero desprende una pureza enternecedora que abraza a pesar de que su historia tiene cicatrices por todos los costados. Con La Guerra, decidí ir más allá y sacar mi lado más misterioso. Cierto es que los colores esta vez fueron una elección total de Ally Souza, la fotógrafa, pero que cuando me las enseñó, me di cuenta de que el poder, que en cierto modo desprendían, casaba a la perfección con ese sentimiento de tensión y recelo que queríamos crear y que también está reflejada en el sonido de la canción. La manifestación artística al final es la declaración de intenciones más sincera que puede hacer un ser humano. Es el lugar al que recurrimos y en el que podemos ser sin límites y sin que nos tiemblen las piernas».

«La línea divisoria que separa lo honesto de los intereses es tu propia identidad», Tori Ferrer

En múltiples ocasiones se critica a reconocidos artistas por cambiar, transformarse y experimentar con otros géneros, ¿esto es un hándicap al que planteas enfrentarte? «A mí, personalmente, no me gusta etiquetar lo que hago o dejo de hacer. No me gusta quedarme con una sola idea en la cabeza y eso fue un poco lo que pasó con La Guerra. Cuando tuvimos que catalogarla en un estilo, no sabíamos exactamente dónde podría encajar mejor. No considero un problema el tema de probar cosas nuevas siempre y cuando te sientas cómoda e identificada con ellas. Lo que tengo claro es que no me voy a meter en bailes que no van conmigo o que van en contra de lo que yo soy. Considero que lo más bonito de la música es que puede haber cabida para todos. La línea divisoria que separa lo honesto de los intereses es tu propia identidad.

Por mi parte, pienso seguir buscando, jugando, disfrutando y ante todo, entendiendo el camino. A mucha gente le impactó el cambio de lo acústico de Cero a lo bailable de La Guerra, pero es que esto fue meditado también. El mismo nombre de este segundo single invitaba a experimentar, a explotar y a crear una atmósfera más allá de los sentidos. Por eso decidí meterme a producir más allá de lo que cree en las cuatro paredes de mi habitación con mi guitarra. Con Cero me di cuenta que la canción no pedía grandes florituras sino su total simpleza. No sé, a día de hoy veo cómo las canciones también tienen personalidades y un rodaje con su historia. Como las personas, tienen una forma de andar y se visten en función de lo que quieran transmitir, ni más ni menos».

¿Cómo ha sido el proceso de producción de tu nuevo trabajo? «La canción la compuse cuando empezó el confinamiento por lo que se cumplió un poco esa regla no escrita de que la canción vino a mí, no fui yo a por ella. Cuando levantaron las restricciones de seguridad me empecé a plantear qué quería hacer con ella, a pesar de que ya tenía otra canción pensada como single. Llegó un punto que me quitó el sueño y ahí entendí que La Guerra era la más adecuada en el punto emocional en el que me encontraba porque la temática que trata está a la orden del día en medio de este caos que nos está tocando vivir. Pensé mucho en todo. Me gusta darle vuelta a todas las ideas que se me ocurran y construir un concepto, por eso lo del cambio de estética y demás.

En agosto, contacté con Nacho Brito, el productor, que conocía a través de Eric Encinoso y Yago Álvarez. Quedamos en una terraza en La Laguna y le conté todas las ideas que tenía y a lo que quería llegar. Desde que Nacho sacó la libreta y empezó a apuntar y a compartir referencias conmigo, supe que íbamos a llegar a buen puerto. Empezamos a trabajar a la semana siguiente y bueno… Acabamos a finales de octubre. Fue un proceso tedioso, pero ambos queríamos crear esa atmósfera y distintos estados por los que se viaja a través de esos tres minutos y pico. Teníamos muy presente la idea de que me representase, de que la gente entendiera que soy la chiquilla que toca con la guitarra en un bar, y soy esto. Es un poco lo que te comenté antes, mientras me sienta representada voy a saber defenderlo porque no estoy saliendo de lo que soy.

Por otro lado, para la estética conté con Ally Souza en la fotografía y con María Conejo en el diseño gráfico. Lo cierto es que ambas me aportaron, no solo su tiempo y arte sino su visión y entendimiento. Para mí todas las fases del proceso creativo son igual de necesarias e importantes. Ally me capturó los fantasmas y me los tiñó y María supo escribir sobre la imagen con el cuerpo con el que suena La Guerra. Todo comunica, por lo que cada pieza de este puzle está encajado en cada sitio por alguna razón».

PORTADA DEF LA GUERRA
Cartel promocional del nuevo trabajo de la cantautora tinerfeña. Foto: Ally Souza

«El reto está en pagarte las facturas haciendo canciones y cantándoselas a la gente»

Al ser una joven cantautora, ¿qué impedimentos te encuentras a la hora de sacar tu trabajo tanto en conciertos presenciales como en plataformas al estilo de Spotify? «Creo que, como todos, el quebradero de cabeza principal es empezar a ser visible. Siento que acabo de nacer en esto a pesar de que llevo desde 2015 construyendo y exponiéndome en redes. Ahora estoy empezando a ser en toda mi esencia. Es complicado que la gente te escuche, por eso siempre es de agradecer cualquier oportunidad. Hasta que tú estés hablando conmigo es algo que tiene un peso enorme para alguien que está empezando en el camino porque nunca sabes quién te va a escuchar y, lo más importante, cómo va a impactar y aportar lo que haces en otra persona. Las plataformas son el pasaporte universal. Mucha gente consume en Spotify, Apple Music… Para muchos proyectos me han preguntado si tenía música colgada en plataformas. Esto en un pasado me dificultó un poco las cosas en ciertos aspectos.

¿Has dejado un poco abandonado a YouTube? «Cierto es que en su momento cuando empecé le metí mucha caña pero lo aparqué porque enfoqué todo lo que hacía en Instagram porque, en su día, el foco estaba ahí y, gracias a ello, conocí a gente del mundillo. Era ese pasaporte, por así decirlo. Ahora mismo me pasa que estoy replanteándome por dónde expandir más mi proyecto debido a que esta fórmula ya ha dejado de funcionar. Hay otras plataformas ganando terreno. Al final, considero que para poder crecer, hacer camino y también aprender, tienes que reinventarte».

¿El reto está en ser fichada por una discográfica o en ser viral? «El reto está en pagarte las facturas haciendo canciones y cantándoselas a la gente. Si la vía es hacerse viral para que una cosa lleve a la otra, bienvenido sea. Si la forma es que te fiche una discográfica, pues adelante. Las oportunidades pueden ser diversas pero el reto y objetivo es ese, vivir de la mano de las canciones hasta que me apague algún día. Suena cliché, pero cuando te remueve toda esta locura, tu punto fijo está en tener ese equilibrio y felicidad con lo que te hace ser más persona».

«Hay muchísimo talento aquí en las Islas y que infravaloramos no entiendo muy bien porqué»

A pesar de su ritmo frenético, ¿qué te han aportado las redes sociales? «Últimamente, me estoy volviendo reacia a las redes por ese ritmo que llevan y por cómo se han ido contaminando cada vez más. Aún así, lo que más me llevo es la gente con la que he conectado bien sean del sector o no. Colarte en la casa de otra gente desde la pantalla de tu móvil u ordenador es una oportunidad que en otros momentos de la historia, los artistas no lo tenían. Considero que somos profundamente afortunados por esto aunque como todo lo bueno, también tiene sus contras».

Valeria Castro, Claudia Basterra, Atlántida, Eric Encinoso, Bea Plade… ¿Hay una nueva red de cantautores canarios? ¿Cómo lo ves desde dentro? «Más que una nueva red de cantautores creo que lo que pasa es que estamos empezando a hacer ruido. Cuando estás dentro, sabes de la gente que va y viene, tocan puerta, se comen el muro de lleno y cómo caen… Y algunos no levantan. Hay muchísimo talento en las Islas y que infravaloramos, no entiendo muy bien porqué. Basta con ir a un micro abierto o un evento multidisciplinar para darte cuenta de que la locura en buena medida y en buenos términos está muy bien extendida por aquí. Ahora muchos estamos alzando el vuelo y empezando a pisar fuerte. Solo los que nos dedicamos a estas cosas sabemos lo costoso que es sacar adelante un proyecto artístico y creo que eso también provoca que, dentro de esa red, intentemos apoyarnos compartiendo los trabajos de unos y otros, por ejemplo. Es un tema bastante complejo. Cuando esa complejidad abruma, lo que nos mantiene vivos es lo que nos devuelve al camino y lo que nos recuerda porque hacemos lo que hacemos».

«Voy a ponerme contra las cuerdas y llevarme al límite a ver hasta dónde puedo llegar»

Has acabado la carrera de Periodismo y no has perdido el tiempo, ¿era lo que necesitabas: concentración en este objetivo? «Definitivamente, sí. Hablo poco de lo mal que lo llegué a pasar durante la carrera porque veía que todo esto se veía eclipsado por una responsabilidad que me había añadido en modo plan B. No podía trasnochar para escribir si me apetecía porque tenía clase o examen al día siguiente. No podía llegar a casa y pasarme la tarde trasteando porque o bien tenía cosas de clase que hacer o simplemente tenía tal agotamiento que mi cuerpo lo único que pedía era dormir. Todo esto retrasó las cosas y me frustró a niveles disparatados en mil ocasiones pero a día de hoy me lo he tomado con más deportividad. Albert Espinosa suele repetir mucho una frase que es «convierte tus pérdidas en ganancias», o algo así, y creo que en este caso, lo puedo aplicar. Perdí tiempo y motivación durante esos cuatro años. El espacio vital que me quedaba no daba rienda suelta a lo que la emoción me pedía, pero aprendí otras formas de trabajar. Como no tenía mucho tiempo, empecé a componer en las notas del móvil en el tranvía de camino a casa o en los descansos de la Universidad, me quedaba a solas en clase o por ahí para escribir. La cabeza me iba demasiado rápido a veces y tenía que desahogar esa velocidad de alguna manera».

¿Este es el aperitivo para un primer disco? «Efectivamente, sí. De hecho, gracias al tercer premio que me dio la Fundación CajaCanarias en el marco de los premios Música Joven, voy a poder invertir y trabajar durante 2021. De momento, me encuentro construyendo el concepto y la columna vertebral de este trabajo porque quiero que tenga una coherencia y un sentido. No quiero que sean un puñado de canciones reunidas en un CD. Voy a ponerme contra las cuerdas y llevarme al límite a ver hasta dónde puedo llegar. Quiero sorprenderme y aprovechar el proceso creativo para crecer y aprender una vez más. Si todo sale bien, a finales del año que viene estaría listo, aunque no quiero ponerme tiempos. Prefiero tardar todo lo que considere oportuno con tal de que cada cosa esté en su sitio y sentirme profundamente orgullosa de cada nota y cada verso».

Después de la explosión, ¿qué se vislumbra? «Creo que eso nunca lo sabemos. Todo eso se vuelve una montaña rusa de emociones desde el momento en el que firmas el contrato que autorizas dejarte llevar. Puede que una completa calma o vientos huracanados por la zona norte. O una panza de burro. Lo que sí está claro es que, después de explotar, quedan ruinas y cenizas. Hay que reconstruir o, simplemente, seguir construyendo. Si ese proceso viene acompañado de humildad, amor, buena gente y respeto hacia lo que es la música, solo veo grandes resultados y mucho que celebrar. Lo iremos viendo poco a poco. De momento, me gusta fluir y que todo esto me sorprenda un poco».

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