Literatura

Tras los pasos de una rosa de los vientos

Coincidencia o no, la rosa de los vientos es también el logo de 'Tripticum', como aquella revista literaria canaria de 1927. Foto: Tripticum

La rosa de los vientos parece que lo resume todo. Algo como una apariencia de síntesis, como una fantasmagoría de síntesis parece que hay en ella. Todos los vientos y todos los colores giran. La rosa de los vientos tiende por cada una de sus puntas a una dirección distinta, se va, se alarga, vuela, vive, señala.

一Ramón Gómez de la Serna

Portada de una de las revistas más determinantes de la literatura canaria previa a la Guerra Civil. Foto: ‘Estudio preliminar de La rosa de los vientos’

Hace apenas un año, Tripticum empezó su andadura con un atropello sincero. Como todo lo que se hace a los 20, esta revista vio la luz con afán de cambiar el mundo. Tres chavales tinerfeños (dos con un pie en Madrid) se juntaron para darle forma a un sueño: sentir que la cultura volvía a ser nuestra. Joven, loca, arriesgada, incierta. Esa vez empezamos con un manifiesto, un recuerdo estival, una droga mainstream. Y ahora, si tuviéramos que despedirnos ahora, nos marcharíamos con la misma cara de bobos, con la misma pretensión humilde, pero con la lucidez del que se sabe ciego.

Diríamos adiós jugando al tejo, recitando poesía moderna, lamentando la trivialidad del capital. Nos acompaña, eso sí, la revelación de que el periodismo no nos llevaría a ver el mundo que queremos. Que necesitamos algo más. Que la rosa de los vientos se marchita si no se riega con poemas. Que el periodismo crece cuando se quiebran sus normas y que la literatura da alas cuando la mentira se usa para contar la verdad.

Primeras andanzas

En La rosa de los vientos no encontramos periodismo, pero sí mucha de esa clarividencia que solo se alcanza a través de la ficción. Con solo cinco números, esta revista literaria logró hacerse un hueco en el panorama vanguardista canario. Inspirado por la misma generación conmovida por Góngora, el ensayista tinerfeño Juan Manuel Trujillo, junto a los escritores Agustín Espinosa y Ernesto Pestana, fundó esta revista con el fin último de devolverle a la poesía la dimensión estética frente al tremendismo modernista y de las generaciones previas. El trabajo no fue fácil:

Fue una cruzada de lunáticos lo que en un principio era cálculo infinitesimal, geometría analítica, serenidad, optimismo, método, ordenación. La ciencia nos fallaba. Los teoremas se espumaban sobre el acantilado realizador.

一Juan Manuel Trujillo

Y así nos sentimos un poco nosotros: solos, sin padrino y, por qué no decirlo, en muchas ocasiones sin la disciplina necesaria para sacar a flote un barco que a veces parece navegar hacia ninguna parte. Pero el isleño, que sabe que la vida no se lo pondrá nunca fácil, hace siempre de tripas corazón. Así, Trujillo no solo logró reunir a un buen puñado de voces de dentro y fuera del Archipiélago para difundir una visión vanguardista de las letras, sino que logró sincronizar el reloj ultraísta de Canarias con el del resto de España y Europa. 

Por la senda ultraísta

El ultraísmo es, recordemos, esa gaveta que nos avergüenza abrir, pero en la que siempre encontramos el objeto perdido: una amalgama de vanguardias que van desde el dadaísmo hasta el futurismo. Como bien señala Sebastián de la Nuez en su Estudio preliminar de La rosa de los vientos (1977), la intención de rebasar las fronteras geográficas y artísticas de la época también persigue el objetivo de darle un sentido global a la poesía. Su concepción de la accesibilidad, sin embargo, está lejos de la pereza que impera, por ejemplo, en el medio periodístico actual y, aprovechando un fragmento epistolar de Góngora, abrieron así su segundo número:

Honra me ha causada hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos: hablar de manera que a los ignorantes les parezca griego, pues no se han de dar las piedras preciosas a los animales de cerda. 

一Luis de Góngora

Jóvenes, pongan la rosa en los mapas

Número 3 de la revista. Foto: ‘Estudio preliminar de La rosa de los vientos’

Espejo de la Revista de Occidente de Ortega y Gasset, La rosa de los vientos no solo publicaba textos originales de sus colaboradores, sino que también acompañaba de críticas y comentarios los trabajos de otros autores históricos y contemporáneos. Además de su evidente predilección por Ramón Gómez de la Serna, resuenan otros nombres como Federico García Lorca, Gerardo Diego, Josefina de la Torre, Pío Baroja, Antonio Machado o Rafael Alberti. Trujillo y compañía, por otro lado, se permiten abandonar la poesía para jugar también con la prosa y otros sectores culturales limítrofes, como la música o las artes plásticas. 

No tiene sentido que diga yo un sentimiento que ya está escrito:

¡Cómo siento no figurar en esa Revista, que olerá a rosa de los vientos, esa rosa formada de cristal y de espumas de los mares y de estrellificaciones de los desiertos! Pero que aquellos jóvenes devuelvan sus vientos zahoríes y faquirescos a los mapas sin soplo. 

一Ramón Gómez de la Serna

1 Comentario

  1. María Loreto Perera García

    Con una prosa bañada de toques poéticos, nos adentras en las creaciones de jóvenes canarios del pasado que, como tú, querían poner voz a las verdades usando para ello el “no” periodismo.
    Cuando sientes que ya todo está escrito, caen en tu pantalla textos cargados de pureza como el tuyo, en el que nos presentas un mundo de defensores de la utopía que no cesan en su empeño de hacerse oír y subrayar que las palabras, más que el medio, son la acción.
    Es siempre un placer viajar por tus artículos, despojándose de reglas y dejando que sea el alma desnuda la que elija el camino.
    Sigues sin defraudarme…gracias.

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