Literatura

Completando la historia: las Sinsombrero, vidas y obras silenciadas

Las mujeres de la Generación del 27, las Sinsombrero. Foto: Syllabus

A mediados de diciembre de 1927, el médico y poeta español José María Romero Martínez organizó un encuentro de jóvenes poetas en el Ateneo de Sevilla con motivo del tercer aniversario del fallecimiento del gran Luis de Góngora. Este homenaje daría nombre a una constelación de literatos españoles conocidos como Generación del 27, pese a existir otras propuestas como Generación Guillén-Lorca, Generación de la República o Generación de la Amistad.

Y es que es cierto que sus integrantes establecieron lazos de amistad. En la Residencia de Estudiantes convivieron el poeta Federico García Lorca, el pintor Salvador Dalí, el director de cine Luis Buñuel y el científico Severo Ochoa, entre otros. Fundada en el siglo XIX por Francisco Giner de los Ríos, fue el foco principal para la trasmisión de ideas renovadoras procedentes de la Institución Libre de Enseñanza y el lugar de intercambio de las corrientes de pensamiento europeo. En este hervidero intelectual floreció la Edad de Plata de la cultura española, una generación de artistas, escritores, músicos y científicos.

Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio Sacristán. Le hicieron sombra a las Sinsombrero.
Salvador Dalí, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Federico García Lorca y José Antonio Rubio Sacristán.  Foto: El País

Jorge Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre son algunos de los poetas que conforman la Generación del 27. Todos son hombres. ¿Acaso no había mujeres, o es simplemente que la historia las ha dejado olvidadas y no aparecen en los libros? ¿Se llevaron sus compañeros todo el protagonismo?

Las grandes olvidadas del siglo XX, las Sinsombrero

Margarita Manso, Maruja Mallo, García Lorca y Dalí coincidieron como estudiantes en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Un día de los años 20, mientras paseaban por la Puerta del Sol, se quitaron el sombrero porque les estaba “congestionando las ideas”.  Prescindiendo de él, rompían con lo “normal” de aquella época y liberaban sus pensamientos e inquietudes. No se conformaban con ser esposas y madres, querían ser algo más. Querían ser alguien. Aunque la anécdota acabó entre gritos e insultos, dio nombre a una generación de mujeres olvidadas de la primera mitad del siglo XX en España: las Sinsombrero, la Generación de las Modernas.

En el Madrid de principios del siglo XX se estaban consolidando lugares exclusivos donde estas mujeres se reunían y compartían sus ideas: la Residencia de Señoritas, el Lyceum Club Femenino y la Asociación Universitaria Femenina. Si a sus coetáneos se les considera parte de la Edad de Plata de la literatura española masculina, ellas conformaron la Edad de Oro de la literatura femenina.

El cambio necesita ser visible para ser cambio. Así lo entendieron estas mujeres que escribían, componían y pintaban bajo la sombra de intelectuales masculinos: Concha Méndez-Cuesta, poeta y escritora de teatro; María Teresa León, escritora; Ernestina de Champourcín, poeta; Rosa Chacel, poeta, novelista, ensayista y traductora; Josefina de la Torre, poeta, novelista, cantante lírica y actriz; María Zambrano, filósofa y ensayista; Luisa Carnés, narradora social y feminista; y las artistas Margarita Gil Roësset, Margarita Manso, Maruja Mallo y Ángeles Santos, a las que hay que añadir a Remedios Varo.

A la sombra de su marido, a la sombra de Rafael Alberti

Pocos son los que saben de la existencia de María Teresa León, pero muchos sí que conocen a su marido: Rafael Alberti. Nacida en Logroño en 1903, fue una innovadora, luchadora y adelantada a su tiempo, una mujer que se hizo su pequeño hueco en un mundo dominado por hombres.

A pesar de los esfuerzos de su familia por convertirla en una mujer burguesa, siempre luchó por proyectar su imaginario de justicia social. Su tía María, una de las primeras mujeres españolas en obtener un doctorado y esposa de Ramón Menéndez Pidal, influyó en su forma de ver el mundo. María Teresa estudió en la Institución Libre de Enseñanza y se licenció en Filosofía y Letras.

Con solo 17 años, contrajo matrimonio con Gonzalo de Sebastián Alfaro, con el que tuvo dos hijos. Compaginaba su desdichada vida con la publicación de artículos en el Diario de Burgos bajo el pseudónimo de Isabel Inghirami. En estos artículos reivindicaba la estampa de una mujer independiente que “vestía a la moda, jugaba al tenis y montaba a caballo”. En 1928, publicó su primer libro Cuentos para soñar, pero sus ansias de libertad la llevaron a abandonar a su familia y a empezar una vida en solitario. Se marcharía a Madrid para terminar su segundo libro La Bella del mar amor. Cuentos castellanos con el que alcanzó un éxito notable.

María Teresa León, la mujer de nadie
María Teresa León, de las Sinsombrero, a la sombra de su marido, Rafael Alberti.
María Teresa León, a la sombra de su marido, Rafael Alberti. Foto: El Correo de Andalucía

Es en el Madrid de 1930 cuando la vida de María Teresa da un giro de 360º. En una de las lecturas en casa de un afamado abogado conoce a Rafael Alberti, que ya había ganado el Premio Nacional de Poesía por su obra Marinero en Tierra,y que por aquel entonces era novio de la pintora Maruja Mallo, también perteneciente a la generación de las Sinsombrero.

Dos años más tarde, cuando la joven obtiene el divorcio de su anterior marido, deciden casarse por la civil y empezar una vida en común. Dentro de su círculo de amigos se encontraban Luis Buñuel, Pablo Neruda o Federico García Lorca. El Golpe de Estado tardaría poco en llegar y la vida de ambos cambiaría de forma drástica.

María Teresa se implicó en la lucha republicana como mujer reivindicativa de la época. Después de un intento de fusilamiento, María Teresa y Alberti volvieron a la capital: él como poeta revolucionario, ella como secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, donde conocería a Miguel Hernández. Sus experiencias en el Madrid de plena Guerra Civil quedaron reflejadas en dos de sus novelas: Contra viento y marea y Juego limpio.

En marzo de 1939, María Teresa y Rafael Alberti marchan al exilio. En París, realizan traducciones para la radio francesa Paris-Mondial y trabajan como locutores para las emisiones de América Latina, pero dos años más tarde deciden trasladarse a Buenos Aires. Es allí donde la escritora adquiere la madurez de su prosa y donde nació su única hija, Aitana Alberti León, firme defensora de la obra de su madre.

“Hoy, amor, tenemos veinte años”

En 1977, con la llegada de la democracia, la pareja y su hija vuelven a España, pero ella no disfrutará de la nueva etapa en su país natal. Pasó los últimos años de su vida en un geriátrico de Madrid, enferma de Alzheimer. María Teresa fallecía en 1988, a los 85 años. En su lápida se encuentra esta inscripción: “Hoy, amor, tenemos veinte años”.

A pesar de todos los años juntos, la contribución de Rafael Alberti a la obra de María Teresa se reduce a los prólogos de Memoria de la Melancolía, reeditada ya en la democracia española. Alberti estuvo siempre centrado en su propia obra. Fue su hija quien sacó la obra de su madre del oscurantismo. La obra de María Teresa se enmarca no solo en una veintena de libros sino también en guiones cinematográficos y teatrales, artículos y relatos. Como ella misma decía, pensó que tenía que dar un paso atrás, dejar que Alberti hablase, ser la cola del cometa para poder culminar su proyecto; se convirtió en su altavoz para poder ser escuchada.

Las Sinsombrero son fundamentales para entender la cultura y la historia de un país y una sociedad que las silenció y las olvidó. Cambiaron las normas sociales y culturales de la España de los años 20 y 30 pero siempre bajo la sombra de figuras masculinas como María Teresa León lo estuvo de Alberti o Gala de Dalí. Sin ellas la historia no está completa.

Ahora soy yo la que se quita el sombrero ante ellas.


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