Hace una semana, finalizó OT2018, que ni ha sido el fenómeno de masas en el que se convirtió la pasada edición ni ha logrado igualar los récords de audiencia y seguimiento de la misma.

Con el «rescate» del talent show el año pasado, han resurgido, de nuevo, los comentarios de aquellos puristas que creen que la cultura es solo aquella que se encuentra encerrada entre vitrinas de cristal. Si bien no considero que Operación Triunfo sea la máxima expresión cultural de nuestro tiempo, sí que creo que nos permite ahondar en una reflexión sobre qué es la cultura, qué metemos en ella, y si los contenidos que nos aporta la caja tonta (que de tonta no tiene nada) son cultura o no.

¿Qué es «cultura»?

La RAE define la palabra ‘cultura’ con cuatro acepciones. Pero la tercera, la que nos puede ayudar más a la hora de reflexionar, es esta:

3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Está claro que la pintura, la escultura, la arquitectura, el cine, la literatura, el teatro o la filosofía, están dentro de lo que es cultura, y ese es un debate prácticamente cerrado.

Antes de seguir, habría que introducir otro concepto nuevo: el arte. Respecto a ello, la RAE establece que es la «manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.»

Con las dos definiciones que aporta la Academia, parece que se quedan unos conceptos un tanto amplios y abiertos. Inimaginable si pensamos, como aparece al inicio de este artículo, que la cultura o el arte están reservadas a unas pocas expresiones y encerrada tras cristales, o alojadas en un museo. Y más si tenemos en cuenta a aquellas personas que, autoproclamadas como referentes culturales, se dedican a encuadrar y a decir si x o y es cultura o no.

Lo que sucede con Operación Triunfo (y que se extiende a gran parte de la programación televisiva) es lo que le ha pasado toda la vida a la televisión. Campañas de desprestigio por parte de ciertos sectores (ya sean de otros medios de comunicación o de pseudointelectuales), que obvian que la televisión puede ser un medio de difusión de la cultura (y hay miles de ejemplos de ello) pero, lo más importante, que es, también, un espacio de entretenimiento.

televisión 2

Y ahí está la quid de la cuestión: no todo lo que consumimos (sea en el formato que sea) tiene por qué ser «cultura» (entendida como el grupo mencionado anteriormente, de pintura, escultura, etc). Y no por ello va a ser malo, o hay que repudiarlo. Responde a cierta actitud clasista intentar mantenernos alejados de los programas de la televisión bajo la excusa de que no es «cultura» (otra vez, repartiendo carnés de culturalidad). ¿Y qué si no lo es? ¿Acaso no ha existe entretenimiento de todo tipo fuera de la televisión, que tampoco encuadrarían los adalides de la cultura dentro de esta misma?

La cultura es algo más que un museo

Quizás, llegados a este punto, podrás decir que me he contradicho un poco, pues puede parecer que, por un lado, haya defendido que, programas como OT, sean cultura; mientras que, por otro lado, haya abogado porque este tipo de formatos no sean tanto cultura, pero sí de entretenimiento.

Pero hay algo en la acepción de cultura que me parece reseñable: los «modos de vida y costumbres» y los «conocimientos» de un «grupo social» o «en una época». Y todo lo que vivimos y nos rodea, forma parte de nuestra cultura a nivel general, incluida la televisión, sus programas; pero también muchas otras cosas que no caben en una urna acristalada de un museo.

Tal vez todo surja por la confusión de querer fusionar la cultura con el arte (entendido como aquello que podemos ver, inerte, como el cuadro de un museo o una novela), que si bien comparten mucho, la unión de los términos provoca que se queden muchos elementos fuera, y las consecuencias que ello conlleva: tratar con condescendencia y superioridad a aquello que no se entronca en esos límites, y tacharlo con demasiadas connotaciones negativas.

Queramos o no, las generaciones de OT más recientes han marcado a los que estábamos por fuera, como han marcado muchos otros tantos fenómenos. Y eso también forma parte de nuestra cultura. Quien dice OT, dice cualquier otro fenómeno grande, pero he querido aprovechar el tirón tan potente que ha tenido para inmiscuirnos en el sempiterno debate de la cultura.

La polémica parece que va a estar siempre. Pero debemos alejarnos de aquellos empeñados en tachar a un lado y a otro, y marcar como cultura o no cualquier cosa que pase por delante de sus ojos, con el fin de denominar qué está a la altura y qué no lo está. Dejemos de encuadrarnos tanto queriendo marcar diferencias y superioridades entre unos y otros, y disfrutemos del entretenimiento que, en el fondo, nos aporta bajage cultural, y define a nuestro tiempo junto a tantas otras muchas cosas. Como, por ejemplo, las novelas de Padura o las películas de Spielberg.


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