Nunca dejaré de pasear de noche. Esta gentuza ejemplar, civilizada, ignora la sabiduría que da la costumbre de andar a diario por la ciudad. Entre las 3 y las 4 de la madrugada. Siempre a solas. En silencio… Aspiro la peste a orine fresca y a vino desperdiciado, los grillos cuchichean, las cucarachas trepan, las ratas olisquean lonchas de jamón podrido, las polillas encuentran refugio en las luces anaranjadas de las farolas, la luna pálida, el cielo de agosto estrellado, los negocios quietos, el dinero quieto, los enloquecidos gritos de un borracho imprecando a un nuevo dios, lo insulta, lo compara con boñigas de caballo, le enseña la polla y le pregunta por qué nos hizo tan ignorantes, tan crueles, tan feos, tan desgraciados…

«¡El hombre y la mujer, el multimillonario y el mendigo, el facha y el progre, el negro y el blanco, el cromañón y el moderno: todos la misma podredumbre, la misma mancha ensuciando mi tierra!», pronunció como extasiado antes de ocultarse bajo una sombra para ojear las nalgas de las prostitutas y hacer qué se yo qué. Chiquita penca debe llevar el hombre… Más cachondo que un perro… Vicioso y filósofo… Ay dios…, qué decir, qué añadir a sus palabras.., parece que la pandemia nos dejó un poco atorados, desquiciados, sin saber qué hacer de la vida entre cuatro paredes y sin estar entre cuatro paredes… Nos quitaron la ciudad recreativa en la que disimular nuestra angustia o nuestro tedio… Las puertas rotas, las ventanas arañadas, los gritos estrangulados, los ojos helados de insomnio, los adolescentes y no adolescentes esquivando las temibles patadas de la soledad. Persecución de una sombra, de un rostro sin ojos que nos acecha, nos quema… Las autoridades anuncian que la humanidad es despedida del mundo. Venga al paro bonita, aquí solo se quedarán a trabajar los vegetales y los animalitos. Parecía un simulacro del exterminio de los humanos y qué paz y qué silencio se respiró por unos meses en el aire. Aire limpio… Todos asumimos el castigo de este asqueroso virus: sobrevivir como presos, rezando por la salud, en un piso, un cuartucho, un adosado o una lujosa mansión…

«¿Saldremos mejores personas?, ¿más solidarios?» , a la vista están los resultados a estas preguntas ingenuas que formulaban a diario por la televisión… El borracho acaba de eyacular sobre unas bolsas vacías del Lidl. Se limpia el prepucio y los sudores de la frente y la boca con una servilleta que parece muy usada. Da un trago a la botella de ron, la lanza como furioso contra la fachada de un edificio y después marcha alegre hacia la Calle Castillo. Abre los brazos como si fuera a volar, los zarandea como un pájaro herido, impotente. Lo voy perdiendo de vista. Parece un espectro, una sombra de un hombre-pájaro que se achica. Creo oír su voz ronca, seca, pastosa. Sí, es su voz la que canta. Despliega sus pesadas alas, vuela y desaparece tras el horizonte. Ya no lo veo. La calle vacía. Santa Cruz vacío. ¿Habrá despegado? ¿Rondará por el cielo?…Te deseo mucha suerte, amigo mío. Toda esta escena me parece un símbolo de algo. No sé. Siempre recordaré cómo cantaste, apasionado, el himno de España.

(Fin del primer acto)

El recepcionista

Creo que a veces peco de apocalíptico y quizá por eso mismo adoro tanto las óperas, las tragedias griegas y los pensamientos de esos temperamentos vencidos y melancólicos. Nada iguala a esos desenlaces fatales en los que la pasión romántica reclama su justo y desmesurado lugar en el universo. La pasión obliga a Edgardo a morir para reencontrarse con la difunta Lucía, su amada. El amor le descubre el cielo, ahora ve a Lucía sentadita en una nube, viva, tarareando dulces arias, esperando tranquila la llegada de él. Creo que fue Santa Teresa, la que en un arrebato de impaciencia y curiosidad, quiso morir para unirse de una vez en matrimonio con Dios. Parece ser que para el enamorado no hay fin absoluto, nada ni nadie termina, la muerte es solo una puerta entreabierta que nos interroga. ¿Se abrirá, se cerrará?, ¿qué pasará? No lo sabemos… Pero Edgardo se quita la vida para abrazar a Lucía. Sus cuerpos se pudrirán, apestarán, callarán, los huesos reemplazarán la piel, serán otro cadáver más, otro idéntico a los millones de cadáveres que amontona la tierra con indolencia en su interior de larvas, raíces y ataúdes…

¿Qué diferencia encontrarás entre el cadáver de Julio César y el tuyo, entre el de un tirano y el de un santo? Al despojarnos de la piel, los ropajes, los nombres, las ilusiones y las acciones queda claro nuestro fondo común, nuestra esencia de esqueleto imperturbable. Nos aguarda a todos el mismo destino de calavera y presiento que el recuerdo de nuestras vidas breves se esfumará como se esfuman las imágenes del sueño al despertar. ¿Amaneceré en otro lugar, otra cama, tendremos otros nombres, recordaremos el largo sueño de anoche? Quizá yo no sabré que yo un día fui Armando y que desde chico siempre quise ser un maravilloso pintor, el nuevo Goya me decía. Deseaba con todo mi ser retratar a los borrachos de Dublín, Texas, París, pero terminé trabajando de aburrido recepcionista en un hotel tres estrellas de Santa Cruz y dibujando caricaturas al llegar a casa, a las 8 y media, en servilletas, tickets, facturas, cartas… Lo gracioso es que no dejo de creerme, a mis 50 años, el heredero de Goya. Quién lo diría. Mis antiguos sueños siguen aquí, intactos como las piedras o el agua del mar…

Aún me hacen llorar mis fantasías de pintor viajero atravesando el Sáhara. Me imagino terminando el retrato de una pandilla de borrachos medio tristes y medio alegres de Sevilla y no puedo evitar emocionarme. Qué misterio los ojos de un borracho que sonríe a la cámara, que se aparta despacio y algo tímido del ajetreo de la taberna para quedar a solas y como más allá del tiempo… Esos huecos en el tiempo, esos secretos de la memoria, eso es lo que debo pintar… Ojalá mudarme a Texas o a Dublín, pero sé que ya a mi edad es complicado teniendo una vida más o menos hecha. Y es que hay cosas que nunca cambian, que por más que pasen los años no cambian… Sigo asombrándome con el mar, las mujeres en bañador, el vuelo de los pájaros, el silencio de los bosques o el repicar de las campanas. Algo se aligera en mí y siento que estoy junto a los pájaros, que soy otro más en el cielo. ¿Y si antes de todo esto fui un pájaro y desperté en el cuerpo de un niñito que llamaron Armando? ¿Y si la humanidad proviene del pájaro y no del mono? ¿Y si al morir nacen nuestras alas? Seguro que los científicos se reirán de mis absurdas teorías, seré un hereje, pero hablamos poco o nada de nuestra íntima relación con los pájaros y es toda una pena. Preferimos hablar de las noticias de moda o de lo equivocados que están los otros y nosotros no. ¿Por qué no hablar de esa quietud que nos invade al mirar la coreografía de una bandada de pájaros o al oír las olas del mar? El pájaro habla al alma, el periodista o el político no.

Ojalá hablar de lo que nos dice a cada instante el mundo y no la tele o el móvil. Prefiero un informativo presentado por un águila antes que por Pedro Piqueras o un programa de entrevistas en el que se pregunte por el canto de los pájaros o por el sol en los ojos de una mujer guapa.

Es así. Le falta poesía a esta sociedad. Tengo la teoría de que la mayoría de los males reversibles provienen de esa ausencia de mirada poética, de auténtica sensibilidad. Ir al colegio hoy día puede suponer un acto de desaprendizaje, te aniquilan la imaginación y la intuición y creo que no somos nada conscientes de lo que supone una sociedad sin arte para imaginar. Para mí esto es equiparable a cualquier masacre, a un holocausto. Olvidan que todo nace de la imaginación, la historia misma es espejo de los delirios de nuestra inagotable imaginación. Sin imaginación el deseo se frustra y se esclaviza al espíritu con una apabullante facilidad…

¿Pero qué puede hacer un recepcionista de hotel para reavivar la imaginación de los demás? ¿Compartir sus delirios? ¿Fundar la nueva escuela surrealista? No lo sé. Yo solo sé que defenderé esa idea de que los humanos descendimos de los pájaros. Y ahora correré hacia mi casa batiendo los brazos como si fueran alas. Cenaré alpiste. La gente pensará que estoy loco, quizá llamen a la policía y quizá algunos graben con sus móviles mi supuesto escándalo, mi falta de sentido común. Todos moriremos. Nos tragará la tierra. Todos estos sueños se disiparán y quizá despierte en el cálido nido de unos pájaros sin acordarme de mi antigua vida de secretario, pintor, soñador incansable…

Edgardo besa a Lucía. Oigo la voz tierna de Lucía que suspira el nombre de su amado. Volaré hacia Texas, recorreré todas las tabernas de Dublín. Pintaré las caras de todos los borrachos que viven en España… Soy Goya, soy Goya, soy un pájaro, soy un pájaro, un recepcionista, Armando, cadáver, hueco, pintor, fracasado, solo, borracho, tierra, mortal, campanas, mar, pájaros, amor, pájaros…

Soy solo la sombra de ese soñador que nunca nos deja dormir… Un sueño. Un sueño de alas…

(Fin del segundo acto)

Los niños

Mami dice que no. Los perros hacen daño. Julia no. No le toques la cara. Muerde. Entra a casa. ¿Te pongo los dibujos, Julia? No. Yo no quiero Disney mamá. Quiero salir de casa mamá. A la playa. Me aburro, me aburro. Quiero un perro o un gato blanco mamá como el de Fran. Canela bonita. Acariciar a Canela. Cuando la acaricio mucho se duerme. ¿Los gatos también sueñan? La quiero, es buena. Escribiré la carta a los reyes. Este año fui muy buena, quise mucho a mi mamá y a mi papá. Saqué buenas notas. La profe de lengua no se enfadó conmigo. Aprendí a tocar la flauta y quiero aprender a tocar el piano como la tía Nati. Les pido un piano violeta, un gato blanco como el de Fran y un peluche de un loro gigante del Toysrus. Reyes magos, ¿ustedes saben si los gatos sueñan? Espero que sí. Tres cosas como me dijo mamá. Mis amigas piden más. Les regalan muchas cosas los reyes. Móviles, muñecas, patines, pulseras, bolsos, micrófonos, pintalabios, faldas… Papá dice que las niñas de ahora quieren ser mayores antes de tiempo. ¿Qué es ser mayor papá? ¿Por qué solo me dejan pedir tres regalos?

Martita dice que yo soy una pobre. Que mamá es fea y tonta y no trabaja. Y corro al baño a llorar y me duele la barriga con Martita. Ir al cole no me gusta por eso me gusta el verano porque no me tiemblan las rodillas. Martita, Paula y Gabriela me miran como si acabaran de comer pescado del comedor. ¿Soy como el pescado del comedor? Foh Foh ojalá no haya pescado de cenar. Mi comida favorita es la paella o la ropa vieja de abuela. Invitaré a Pedro cuando seamos novios a comer la paella de mamá. Te daré un beso como en las pelis y tendremos una casa en la playa. Yo seré pianista como la tía Nati y tú serás pintor como dijiste una vez en el recreo. Qué guapo y qué bueno eres Pedro. Eres el único con el que juego a los pájaros. Qué bien lo paso. Mejor que viendo los dibujos como ahora. Corriendo por todo el patio y cantando agudo como hacen los canarios. Cuando veo un pájaro siempre pienso en ti Pedro. Y le hablo al pájaro, le digo que avise a sus amigos para jugar con nosotros y le digo tu nombre y el mío y le hago pío pío y los intento acariciar con mis alas. Quiero regalarte un pájaro por Navidad para que siempre pienses en mí, para que no me olvides nunca nunca.

Julia yo tengo pico y alas de pájaro. Eso dijiste creo que la semana pasada. Y tengo que decirte yo también tengo pico y alas de pájaro. Te lo prometo Pedro. Ayer fui volando a África a China y a Alemania y ya volví. Aquí estoy. Tardé poco. 4 horas. No sabes el calor que hace en África. Los chinos son megamables y nos invitaron a ir en las vacaciones de semana santa. En el cielo hace mucho frío y me abrigué mucho. Llevé tres chaquetas, gorro, botas de lluvia y guantes de nieve. Casi pillo un catarro, pero soy fuerte y no me pongo mala. Tú también eres fuerte y nunca te pondrás malo. Lo sé. Qué guapo eres Pedro. Viviremos rodeados de pájaros. Nos perseguirán a todas partes como los perros a sus dueños. Y haré conciertos con los pájaros. Y luego irán a tocar las cabezas del público. Y el público riendo y aplaudiendo muy feliz. Nosotros seremos felices Pedro. Nos casaremos. Cuatro hijos. Dos niños y dos niñas. Y les enseñaremos a jugar con nosotros a los pájaros. ¿Te gusta o no Pedro?

Compraremos miles y miles de sacos de alpiste para dar de comer a todos los pájaros. Solo pediré por reyes sacos de alpiste. No sobrará nunca. No quiero nada más. Solo quiero a ti y a los pájaros y a la playa y a mi familia. Nadaremos con los pájaros hacia Lanzarote. Abuela es de Lanzarote. ¿Te lo he dicho antes Pedro? Ella tiene los ojos así, súper chiquititos, parecen dos hormigas. No tiene dientes. Solo dos o tres. Es rara su sonrisa, pero la quiero mucho. Y en su salón tiene una jaula con un canario que no para quieto. Igual que nosotros en los recreos. Quiero ver cómo es besarte. Sentir las mariposas. Tocar tu cuerpo. Tus cachetes. Tus manos. No pelearnos. Jugar siempre. Reír. Cansarnos de correr. Besarnos. Acariciarnos como gatos. Y volver a correr y a volar entre los árboles. Volar más allá de las nubes. Subir a la parte alta del cielo. Mirar el mundo como los astronautas. Pisar la luna. Crear una casita y un columpio en la luna. Tocar las estrellas. Sacarnos una foto de un beso con una estrella detrás. Menos mal que te quiero Pedro. Te quiero mucho. Bésame, bésame, bésame, déjame solo un piquito, cierra los ojos, acércate, que ahora ya no quiero jugar más…

(Fin)

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Autoficción de un estudiante de Periodismo: "Solo deseo andar a ras de tierra, desplazarme con la ligereza del aire y la monotonía del agua, encontrarme con la grandeza de alguna piedra. De resto, tan solo hay negación de mí mismo. Cáscaras de nuez vacías".


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