Humanidades

Amaro Pargo y su esclavo

Amaro Pargo salvaguardaba la monarquía frente a piratas extranjeros. Foto: ABC

Entre olas y tesoros

A Cristóbal Linche le gustaba despertarse media hora antes que su amo para ver el amanecer desde la proa. Encaminados en la carrera de indias, navegaban miles de millas cada día en busca de piratas y sus botines rumbo al Caribe. Por fin habían llegado al puerto de Santa Cruz de Tenerife, lugar base del corsario Amaro Rodríguez Felipe, más conocido como Amaro Pargo. 

Cristóbal no sabía de manera exacta la profesión que desempeñaba su amo, aunque había oído hablar de la patente de corso en los puertos de la isla. No obstante, sí sabía que Pargo era una especie de pirata del rey que debía combatir contra otros piratas europeos en nombre de la monarquía. 

Pasada la media hora, salía de su cámara el capitán, no muy alto, sin pata de palo ni parche en el ojo y algo envejecido por las canas y el salitre. La ciudad de San Cristóbal de La Laguna le había visto nacer el tres de mayo de 1678 y convertirse en el hombre de mar con más dinero y reconocimiento de todo el archipiélago. Ahora, en un regreso más a la isla, la piedra volcánica era testigo de sus hazañas y las fortalezas y castillos alzados para vigilar los horizontes servían para proclamar su llegada. Linche se preguntaba si algún día su amo le desvelaría dónde escondía sus tesoros y fortunas. ¿Entre cuevas volcánicas en la costa de la Punta del Hidalgo, en algún lugar de las medianías laguneras cercanas a sus caseríos? A pesar de la fortuna que se rumoreaba que guardaba, a Linche no le despertaba ningún interés más allá de la curiosidad.

Afectos en servidumbre

Echó el ancla el esclavo para  pisar las maderas del muelle chicharrero. Por ese tiempo el intercambio cultural y económico en Canarias era muy alto, y a veces costaba encontrar un hueco entre tanta flota. Después de tantos días en alta mar tanto él como su amo merecían descansar.

Amaro Pargo tenía una relación especial por Cristóbal Linche. Pese a ser su esclavo, era también su fiel confidente y consejero, de ahí que se encuentren enterrados -junto con familiares del corsario- en la misma tumba, en la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán. Gracias a esa complicidad, Linche conocía los motivos de los regresos de su amo a Tenerife, que no eran solo reabastecerse de provisiones y descansar. Tenía constancia de que una monja despertaba la devoción del capitán. Ella era Sor María de Jesús, conocida como La Siervita por los isleños. Su actual proceso de beatificación nos indica la importancia que tuvo esta mujer en esa época. Así, entre ella y Pargo se forjó una relación de admiración propia, de confidencias y escucha que terminó con la muerte de la monja. El sarcófago en que se encuentra su cadáver incorrupto fue pagado por el propio corsario, a modo de ofrenda. 

La Siervita

El siglo XVII vivía la plenitud de la Edad de oro de la piratería, conflictos como la Guerra de sucesión española provocaron la irrupción de tropas piratas en Europa; eran tiempos de guerra naval constante. Sin embargo, ni los conflictos bélicos, ni las autoridades religiosas y monárquicas lograron deteriorar la relación entre dos individuos tan diferentes, tanto en edad como en labores. Quizá las circunstancias de la época y el pesar de la muerte de La Siervita convirtieron a Amaro Pargo en un devoto intachable del catolicismo y en un Robin Hood de las aguas atlánticas. Sus grandes fortunas amasadas le permitieron apropiarse de una multitud de terrenos que explotaría y cuyas ganancias -fruto del cultivo de la vid- donaría para llevar a cabo obras de caridad y sentirse en deuda con la tan venerada monja.

Las leyendas de piratería no están tan alejadas de nuestras ocho maravillas de lava y pinar. Un verdadero corsario, debatido entre el bien y el mal, con supuesto un tesoro escondido y una profunda relación con una monja milagrosa para muchos. Incontables propiedades de las cuales muchas de ellas han quedado en ruinas y un legado que perdura hasta nuestros días. Amaro Pargo es uno de los personajes más importantes de la historia canaria y uno de los pocos que aún esconden misterios. No obstante, su leyenda no parece haber trascendido de la manera que se espera al hablar de todo un experto de los mares. Mucho menos aún la de su humilde sirviente, sin el cual probablemente su leyenda hubiese sido algo menos espectacular y humanizada. 

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