Todavía resuena en mi cabeza lo que me sucedió este último fin de semana. Después de unos días con un resfriado otoñal, comencé a tener tos. Algo normal con el cuadro que tenía. Pero me fue a más, en vez de a menos: al principio me respetaba las noches, pero no así la del sábado.

A las 2 de la mañana, no podía parar de toser. No podía dormir, tampoco quienes conviven conmigo, no podía hacer nada. Ninguno de los métodos servía para aliviarme la tos, y ya eran las 3 de la mañana y nada cambiaba.

Saturación

Yo, que he tenido tos toda mi vida, ciertamente acostumbrado a estas situaciones que durante mucho tiempo fueron crónicas, vi que aquello no iba a parar con agua o incorporaciones en la cama. Así que decidí intentar (y digo intentar con todas las letras) ir a urgencias, para que me pinchasen Urbasón (o lo que considerasen) y cortasen de raíz el ataque, que ya me había pasado otras veces.

Como no conseguía localizar ningunas Urgencias abiertas a mi alrededor, llamo al 112 para preguntar. Y ahí viene la sorpresa: no hay servicio de urgencias en la Comunidad de Madrid de noche en ningún centro de atención primaria. Solo funcionan la de los hospitales (que con suerte te pilla alguno cerca, que no fue mi caso). Pero quien te atiende te recomienda no ir porque están «muy saturados», que espere con un Paracetamol a ver si se me alivia y que si eso vaya a la mañana siguiente. Pero que evite ir si es «solo la tos».

Solo gana la privada y lo individual, que cada uno se saque las castañas del fuego

Al final, consiguen lo que quieren (los gobernantes de la Comunidad de Madrid, con nombre y apellidos, no los pobres sanitarios explotados y mal contratados que te atienden): terminas yendo a un centro privado porque no hay dios que, tras 2 horas tosiendo, sea capaz de parar el ataque de madrugada. Porque, por mucho que de esto uno no se muera, es inviable e insostenible pegarse horas sin parar de toser.

Y esto es así porque existe una voluntad política del Gobierno de Madrid cuyo objetivo es esquilmar lo común y destrozar la sanidad pública, desde que el PP gobierna en la comunidad. Cerrar centros de atención primaria con la excusa de la pandemia, no abrir otras tantas urgencias durante el día, que no lo haga ninguna durante la noche. Contratos basuras y precarios para enfermeros/as y médicos/as mientras se derrochó dinero público en un hospital innecesario que se cae a trozos, tan solo para favorecer a la privada.

Un desastre en la atención primaria, con continuos ceses y dimisiones en una consejería cuya nueva directora de AP no tiene experiencia en la materia y viene de las Clínicas Quirón. Y, sobre todo, la voluntad política de un gobierno, encabezado por Isabel Díaz Ayuso, sobre el que pesa la losa de las muertes de ancianos y residentes a los que se les negó el tratamiento en la pública durante lo más duro de la pandemia. No es coincidencia que ese mismo sábado Madrid llenase muchas de sus calles reclamando una atención sanitaria pública y de calidad. Dejar fuera al que no puede permitirse pagar un seguro o una consulta privada significa excluir sistemáticamente a una parte de la sociedad e incumplir los principios de solidaridad y redistribución que versan en la Constitución. Y sobre todo, es de tener muy poca moral. Nosotros los ponemos ahí, que no se nos olvide.

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Estudio Ciencias Políticas y Sociología en la UC3M y combino mi pasión por los fenómenos políticos y sociales con la cultura, elementos indisociables de una misma y compleja realidad. Desde pequeño me ha encantado escribir y lo utilizo como manera de evasión y difusión.


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