Para Adrián y Diego, para cuando lean esto dentro de bastantes años

Pasó la Nochebuena, estrenamos nuevo año y estamos a punto de ponerle fin a otras Navidades, las segundas con una pandemia que se niega a marcharse. Y hoy, virus aparte, esperamos como cada uno pueda que algún rey se asome a nuestra calle para disfrutar de la ilusión junto a los más pequeños.

Para grandes y pequeños

En todos estos días, toda nuestra maquinaria, informal e intangible, se esmera en crear una atmósfera que permita mantener el relato y la ilusión sobre los Reyes Magos. En el fondo, aunque pensemos que lo hacemos por los niños y niñas que nos rodean, también lo hacemos por nosotros mismos. Ese hilo de sorpresa alrededor de los regalos, aunque haya habido una carta previa, de tener unos detalles con quienes nos rodean y aún sabiendo que aunque sea Navidad ningún mago los traerá, también forma parte de la atmósfera navideña.

Y yo, bien entrado en la veintena, soy casi el peor. No quiero saber nada, ni por asomo, rebote o curiosidad qué es lo que me van a regalar; tampoco busco dónde están escondidos los presentes: quiero que llegue el día 6 con la mente en blanco. Ser como yo mismo pero hace algunos lustros, cuando llegaba el momento de despertar (demasiado) temprano a mis padres y a mi hermana y acudir al árbol a por los regalos. Allí no sabía nada más que esperar que me dejasen lo que había pedido, y ver qué había para el resto.

«¡Melchor jugó con mis dardos!»

Ahora, hasta acabando de grabar un vídeo para mis primos pequeños, Adrián y Diego, haciendo de rey Melchor que se deja un llavero en su terraza, me vuelvo a situar cuando tenía su edad. Cuando ven el vídeo, llega esa mezcla de no saber qué decir, qué hacer («¡Melchor jugó con mis dardos!») o cómo reaccionar («¡Ahora toca Gaspar!»).

Por algún motivo, todavía me aferro a los nervios, a la tensión y a la ilusión de esta época. Mi madre me lo advirtió cuando me di cuenta que nadie venía de Belén a dejarnos juguetes: «aunque ahora lo sepas, siempre puedes mantener la ilusión». Y me sigo agarrando a ese instante, por lo que en cada enero intento resetear esa información y rememorar cuando Gaspar me vigilaba por los enchufes o Baltasar dejaba una nota en la que me recomendaba portarme bien con mi hermana.

La ilusión que me hace estar seguro

Podemos pedir muchas cosas, materiales o no materiales: yo, con la que me quedo, es con la ilusión y es lo que quiero seguir pidiéndoles. Que todos los años montemos este espectáculo de magia con los más pequeños pero también con los más grandes, que busquemos detalles, y nos sintamos cerca de quienes tenemos a nuestro alrededor, que también es motivo para celebrar. Y no, no busquen ni intenten averiguar cuáles son los regalos antes del día 6. Sean felices.

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Estudio Ciencias Políticas y Sociología en la UC3M y combino mi pasión por los fenómenos políticos y sociales con la cultura, elementos indisociables de una misma y compleja realidad. Desde pequeño me ha encantado escribir y lo utilizo como manera de evasión y difusión.


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